(Por Josep Anton AC)


Incertidumbre. Esa es la sensación que uno tiene cuando se prepara para ir a una noche de música de club sin saber qué va a sonar. No os engañaré, algo de morbo tenía ir por primera vez a Nitsa sin saber qué esperar (lo más parecido que recuerdo fue la última visita de James Blake, pero venía de lanzar un EP de música house, así que alguna pista nos dio). En cambio, aquí íbamos con una coña entre amigos que se convirtió en el eslogan de la noche: “el que tenga miedo a morir, que no nazca”. Así que, con la mente abierta y con la duda de si pedir un Red Bull o una manzanilla nada más llegar a Apolo, nos lanzamos.

Llegamos a la discoteca barcelonesa con un elenco ecléctico de amistades, con un debutante célebre como es Adrián Oller (aka el capitán de este barco llamado Wololo Sound y presentador de ‘sábado histórico‘), así que tocó hacerle el tour. Primera parada: La 2, con Albal calentando la pista y dando la bienvenida a los feligreses. Con la cerveza en mano, aviso a los que estaban más desubicados: “no sé lo que nos vamos a encontrar arriba, así que si queréis aseguraros el baile, tendréis que quedaros aquí”. Pero, con valentía, subimos las escaleras y nos plantamos en el teatro.


Neska nos dio lo que cabría esperar de ella en cualquier otro bolo: house, ritmos rotos y sonidos que tienden a lo experimental, con la prioridad de mantener en movimiento a una sala que, aparentemente, no parecía que se fuera a llenar (spoiler: no fue así). Sinceramente, dudo que ni siquiera ella supiera cuál era su misión esa noche.

La incógnita sobre cómo sonarían los headliners seguía en pie. Tanto, que cuando volvimos hacia abajo a la zona de fumadores para reunirnos con amigos (y toparnos con otros), todos compartíamos la misma duda: ¿cómo suenan Headache en el club?


Hablamos de un misterioso dúo compuesto por el productor Vegyn y el poeta Francis Hornsby Clark, cuya propuesta hasta la fecha han sido dos álbumes de estudio en clave de trip hop con una peculiaridad: sus vocales, una voz robótica generada con IA que narra lo que a mí me gusta definir como “si ChatGPT tuviera TDAH y encadenara pensamientos aleatorios, vocalizándolos todos sin filtro”. Un repertorio lento, más propio de un concierto que de una pista de baile a las 3 a. m. Pero llegó el momento de salir de dudas.

Hicimos acto de presencia para ver a Jen Cardini compartiendo cabina con GabrielleKwarteng, que seguro hicieron mover el esqueleto durante toda su sesión con una curación espectacular, aunque curiosamente nos tocó verlas lanzar un edit techno del “We Like To Party” de Vengaboys. Divertido, como mínimo, pero sería injusto valorar cuatro horas de B2B por una sola canción, así que nos lo apuntamos como pendiente para cazarlas en otra ocasión.

Ahora sí, llega el momento. Subimos de nuevo, y Abisme cede el escenario al dúo, con una sala principal llena hasta la bandera. Nos buscamos un hueco en el lateral y empieza el live. Una larga intro de guitarras sin percusión resetea el ambiente por completo. La gente, hipnotizada. Y de repente, entran los primeros atisbos de ritmo, pero la verdadera ovación llega cuando aparece la icónica voz de Headache: “Good evening everybody, this is Headache speaking. I’m happy to be here. Make some noise for the voices in your head”. 


En ese instante, los allí presentes nos dimos cuenta de que no éramos gente random buscando una noche de club, sino fans del dúo que venían a escuchar su música. Y con eso empezó una comunión en la pista como pocas veces he visto a tal hora y en un lugar así.

A continuación, una hora que se pasó volando a base, efectivamente, de trip hop. Los BPM bajaron considerablemente, pero Headache nos llevaba en volandas hacia donde quería. Su ecuación fue tan peculiar como acertada: una selección de instrumentales, tanto propias como de temas conocidos del espectro pop, y una ingeniosa alternancia de vocales entre las originales y las suyas. Pareció un recorrido a través de su playlist de inspiraciones y producciones. Momentos de éxtasis incluyeron ‘On Melancholy Hil’ de Gorillaz, ‘Dancing On My Own‘ de Robyn o un emotivo cierre al ritmo de ‘Bitter Sweet Symphony‘. Esos mashups de acapellas intercaladas en directo, junto a un repertorio de samples lanzados casi a modo de meme (disparos, sirenas), crearon algo sorprendentemente original. Qué momento aquel en el que giré la cabeza y vi a la gente saltar y abrazarse eufóricamente con el clásico de The Verve. Gallina de piel.

Las energías no dieron para más, así que con el adiós de Headache también nos despedimos nosotros de Nitsa. Una noche que nos recordó algo que a veces damos por hecho: en el clubbing debería haber lugar para todo. La intención de pasarlo bien, el respeto a la atmósfera y la conexión con la pista son lo que realmente determina el disfrute de la experiencia musical. Y vaya si la disfrutamos. Con la resaca emocional ya asentada, solo podemos decir una cosa: Headache, volved cuando queráis. La hora nos dará igual.

Jesus Agui
Aqui hablando de Hardcore. Sobre todo Early y Millennium, pero toda la música electrónica es bella. Vivo en Amsterdam, la mejor ciudad del mundo. Echo de menos el cocido madrileño.