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Varios estudios revelan que el escuchar música electrónica al volante disminuye el tiempo de reacción y acelera nuestro pulso cardiaco

“La vida sin música sería un error” dijo una vez Nietzsche. La música, definida como el arte de organizar lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios respetando los fundamentos de la melodía, la armonía y el ritmo, es aquello que nos acompaña en cada momento de nuestras vidas.

¿Quién pasa veinticuatro horas sin escuchar ni una sola canción? Desde que nos despertamos hasta que nos acostamos se calcula que escuchamos una media de 18 horas de música (semanalmente), es decir, unas 2,5 horas diarias. En la oficina, en casa, en la calle… cualquier momento es bueno pero, ¿y escucharla cuando estamos al volante?

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El 90% de la población mundial escucha música mientras conduce. En cuanto arrancamos, ya sea o no instintivamente, lo primero que muchos de nosotros hacemos es elegir qué vamos a escuchar durante el trayecto porque… ¿a quién no se le hace el viaje más ameno disfrutando de nuestros temas favoritos? Es algo que tenemos totalmente interiorizado pero muchas veces, no somos conscientes de sus efectos en nuestra forma de conducir.  

Hay varios estudios que demuestran que escuchar música al volante puede ayudar a disminuir el estrés, el aburrimiento y la ansiedad que la carretera nos puede provocar. Además, también se dice que llevar la radio como ‘sonido ambiente’ puede mejorar nuestra concentración. Pero como todo, también tiene inconvenientes, y aquí es donde entra la música electrónica (y otros géneros que puedan resultar “agresivos” como el rock).

En primer lugar, se considera peligroso – por riesgo de distracción – el escuchar la música a más de 95 decibelios, es decir, el volumen estándar de nuestro móvil. Esto es algo que puede resultar obvio, pero… ¿quién no sube el volumen cuando suena esa canción? Las cosas se complican aún más cuando hablamos del “límite” de BPMs, establecido en 120 (algo demasiado fácil de superar en nuestro mundillo).

Se considera que rebasando ese número de BPMs la música acelera nuestro pulso cardiaco y afecta a nuestro cerebro, necesitando un 20% más de tiempo de reacción en caso de algún imprevisto en la carretera.  Además, también se afirma que la mezcla entre volúmenes altos y “demasiados” BPMs puede provocar una sobreexcitación, lo que resulta en pisar más el acelerador (inconscientemente) incrementando la velocidad en 10 km/h.

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Sin embargo, no todo iban a ser malas noticias. Siempre y cuando se escojan temas con medios tempos y ritmos suaves, escuchar electrónica al volante puede ser positivo. Los expertos recomiendan evitar aquellos ritmos constantes y cadenciosos, típicos de géneros como el trance o el house, ya que pueden llegar a producir somnolencia y decantarse más por ritmos sincopados y polirítimicos.

Por último y como curiosidad, os dejamos el top de las canciones que se consideran más peligrosas para escuchar al volante, en el que sorprendentemente, encontramos EDM: ‘American Idiot’ de Green Day, ‘Party in The U.S.A.’ de Miley Cyrus, ‘Mr. Brightside’ de The Killers, ‘Don’t Let Me Down’ de The Chainsmokers, y ‘Born to Run’ de Bruce Springsteen. Además, también hay un ranking de las mejores entre las que encontramos temas de Led Zeppelin, Red Hot Chili Peppers, Drake o Khalid.