El artista madrileño nos cuenta las claves de su actuación en un club parisino

Volviendo a la normalidad, una frase corta pero esperanzadora en los tiempos que corren. Y es que la pandemia nos ha hecho sufrir un año (o año y medio ya…) sin música electrónica en directo (al menos tal y como la conocíamos). Sin embargo, estamos viendo como poco a poco surgen nuevas iniciativas para devolver la música electrónica a las pistas -dentro del marco regulatorio y sanitario en el que nos encontramos- con mayor o menor acierto, pero haberlas haylas. No obstante, para disfrutar de algunas de estas propuestas tenemos que salir de nuestro país y buscar en países vecinos, lo cual no resulta fácil ni al alcance de todos los bolsillos.

En la otra cara de la moneda se encuentran los artistas, que ven su trabajo y fuente de ingresos anulados o reducidos al mínimo. Unos artistas que, en la mayoría de los casos, necesitan las actuaciones para poder subsistir y han tenido que reinventarse para poder sobrevivir durante esta pandemia. Como comentaba antes, uno de los caminos que han seguido algunos de ellos ha sido el de irse fuera de España a actuar, debido a relajación en las restricciones y la posibilidad de actuar ante un público mucho más amplio.

En Wololo Sound trataremos de dar voz a todos ellos para que nos cuenten su experiencia y, entre todos, podamos entender mejor la situación y la afrontemos de la mejor forma posible, antes de la llegada de la tan ansiada «nueva normalidad» que nos traiga de vuelta el ocio nocturno que tanto echamos en falta.

En el día de hoy contamos con Alexander Som, uno de nuestros artistas nacionales más conocido y querido por el público español. Madrileño y estandarte del french touch, música disco y house funk entre otros, este artista ha tenido la oportunidad de actuar en París recientemente y hoy le brindamos este espacio para que nos cuente su experiencia.


Escribir una crónica para mis amigos de Wololo Sound y sus lectores después de un año y 4 meses en los que el mundo, y especialmente nuestro sector, se ha visto envuelto en una situación trágica y excepcional es síntoma de que las cosas están volviendo a arrancar, más o menos. Digo mas o menos porque todos vemos y leemos las noticias y esto aún no está vencido del todo… pero oye, vamos recuperando de forma progresiva eso que llaman “normalidad”.

He tenido la suerte desde mayo de 2020, con el reciente fin de la cuarentena, de poder pinchar 5 días a la semana en uno de los locales de moda de Madrid, (Arzábal Reina Sofía) combinándolo con eventos esporádicos, producciones para otros artistas, locuciones y producciones propias junto a gigantes del sector como Mala Rodríguez, Carlos Jean, Dorian, Slatin, Sidonie, Ley DJ, etc. Aún no me creo como he sobrevivido a semejante agujero…

Conforme las cosas han ido avanzando han llegado las primeras oportunidades para todos los artistas como vais viendo últimamente en las redes sociales. Hace cosa de un mes, nos llegó una petición muy especial, por la cual llevaba esperando mucho tiempo. Si conocéis un poco mi música, sabréis que siempre he sido partidario del french touch, disco, house funk y una de las mecas de dichos estilos es París.

La cosa iba en serio, al margen de la cantidad de peticiones que empezaban a salir en España, teníamos una petición para uno de los clubes del momento en París (Mademoiselle Mouche). Yo no cabía en mi, ya no solo por tener una actuación más o por volver a coger un avión casi año y medio después, si no por ir al club referencia de la capital francesa, con todo lo que ello conlleva. Previamente me encontré con las clásicas PCRs, controles, formularios… tras eso tocaba disfrutar.

Si has estado en París o visto imágenes de ella, sabrás que es una de las ciudades en las que la belleza y el arte se respira en cada rincón; si a esto le sumamos que el club está montado sobre un barco gigante anclado sobre el Sena y que mientras pinchas puedes visualizar la icónica Torre Eiffel, creo que sobran las palabras…

Lo primero que me sorprendió nada más llegar con el club a punto de abrir es que el uso de mascarilla era optativo en espacios abiertos, un poco parecido a España. Este local es al aire libre, lo cual permitía estar sin mascarilla en él, pero… ¿se puede bailar o ha de estar sentado el público? Eso le pregunté a la promotora nada más llegar. En cuanto me dijo que sí se podía bailar sin mascarilla en espacio abierto, sabía que me enfrentaría a un bolo épico un año y medio después. 

¡Faltaban 10 minutos para empezar el set! No cabía ni un alfiler, mientras tanto contemplaba la torre Eiffel desde el backstage. Sí, sí, como lo oyes, de postal… me escribía con mi pareja, una de las personas que más han estado a mi lado día tras día en mitad de este caos y, por supuesto, con mi padre y amigos. Mientras tanto el DJ que hacía el warm-up, llamado Sané, ponía un musicón excepcional y elegante.

¡¡Llegó el momento!! Me dijeron: ¿quieres empezar ya? Tus visuales y todo está listo. Yo con una sonrisa de oreja a oreja y ansia viva dije: ¡¡¡vamos ya por diooooos!!! Arranqué con una intro de un tema mío que aún no he publicado, fusionado con ‘Ani Kuni’ de Polo & Pan. La gente reaccionó desde el minuto uno de una manera que yo no me podía creer, bailando, sonriendo, grabando…  Al segundo tema ya estaba totalmente enchufado con ellos, era increíble ver cómo conectaba de esa manera mi música, mis mashups y la cantidad de locuras que había preparado para ellos, pero sobre todo ver cómo cantaban temas que no son hits comerciales, pero ellos los conocían… de locos.

En mitad del set, os debo confesar algo que suena un tanto pastel, pero es real. Sonaba uno de mis mashups, bajón épico de ‘Tell Me Why’ de Supermode, con el vocal encima de Mylo, ‘Drop The Pressure’. Todo el garito levantó los brazos conmigo con los ojos brillantes y con una sonrisa increíble, y me dio por mirar al cielo mientras agarraba los faders en pleno subidón del tema, y en ese momento pensé en todo lo malo que hemos pasado todos en general, pero en especial los artistas, y solo daba gracias por poder estar ahí en ese momento sintiendo semejante feeling con todo el local.

Bajé el volumen unos segundos antes de que rompiera el tema y grite a viva voz, sin micro ni nada, de forma desgarradora: ¡¡¡¡ALLEZ PARISSSSSSSS!!!! Y eso se vino abajo, no podía dejar de sonreír, eso era espectacular.

Terminó el set con el público súper arriba, yo hubiese seguido otras 2 horas, pero tocaba cerrar y más ahora… Empezaron a llegar menciones, mensajes, muestras de cariño por parte de todos, así que decidí quedarme en el local con los promotores y todo el staff a comentar y tomar algo. La sensación de liberación era salvaje, no podía creerme que había vuelto a hacer un bolo de forma “normal”, sin mesas, boxes, mascarillas… todo como lo conocíamos antes, algo único. Quizá mis palabras suenen un tanto pasionales, pero es lo que siento por esta profesión desde que soy un crío, amor, pasión y respeto.

Quiero dedicar esta crónica a [email protected] [email protected] artistas que en mitad de esta situación han sacado valor y fuerza para no tirar la toalla y seguir persiguiendo sus sueños como el primer día. Sois [email protected] valientes. 

Gracias una vez más Wololo.

Un abrazo enorme. 

Alex 

Cofundador de esta gran familia. Ingeniero de Telecomunicaciones y amante de la música electrónica. Progressive house como forma de vida.