En los últimos años, la sensación de encontrarnos con eventos cada vez más masificados se ha convertido en algo habitual. Ya sea en un club, un festival o cualquier otro formato, cada vez resulta más frecuente terminar una jornada con la sensación de no haber podido disfrutarla plenamente debido a la cantidad de gente presente.
La pregunta es inevitable: ¿forma realmente parte de la experiencia pagar una entrada que en ocasiones supera los 200 euros para pasar horas entre empujones, sin espacio suficiente para bailar y teniendo que luchar por cada metro de pista?
Cuando el aforo empieza a condicionar la experiencia
Es evidente que detrás de cualquier evento existe un modelo de negocio y que las promotoras necesitan alcanzar una determinada rentabilidad para que sus proyectos sean sostenibles. El problema aparece cuando el incremento de los ingresos pasa por aumentar constantemente el número de asistentes sin que exista una ampliación proporcional de los espacios.
En los últimos años hemos visto eventos que han multiplicado considerablemente sus aforos y, en paralelo, han elevado el precio de sus entradas, mientras mantienen unas dimensiones similares. El resultado es una mayor densidad de público y, en consecuencia, una experiencia que puede resultar menos cómoda.
Cierta densidad puede contribuir a generar ambiente, energía y sensación de comunidad. El problema aparece cuando se alcanza un punto en el que la cantidad de personas comienza a limitar físicamente lo que podemos hacer dentro del espacio.

La ciencia también habla de aglomeraciones
No es únicamente una percepción subjetiva. Un estudio publicado en Journal of Travel & Tourism Marketing distingue entre dos conceptos: human crowding, relacionado con la percepción de que hay muchas personas, y spatial crowding, relacionado con la sensación de que el espacio disponible resulta insuficiente.
La diferencia es importante. La presencia de mucha gente no tiene por qué ser negativa e incluso puede contribuir a crear una atmósfera más intensa. Sin embargo, cuando la densidad comienza a limitar los movimientos y la libertad dentro del espacio, la satisfacción de los asistentes disminuye y aumentan las emociones negativas. El estudio analizó las respuestas de 423 visitantes de un festival.
Otra investigación publicada en Tourism Management Perspectives, basada en 555 cuestionarios, llegó a una conclusión similar: la percepción de aglomeración espacial tiene un efecto negativo sobre la experiencia de los asistentes a un festival. La relación también se ha observado en otros contextos. Un estudio realizado durante las festividades de Gante concluyó que, a medida que aumenta la percepción de aglomeración, disminuye el placer experimentado por los asistentes.

¿Más asistentes siempre significa un mejor negocio?
Para una promotora, aumentar el aforo puede parecer una decisión lógica: más entradas vendidas significa mayores ingresos. Sin embargo, existe otro factor que resulta mucho más difícil de medir, pero que puede ser determinante a largo plazo: las ganas del público de regresar.
Un asistente puede aceptar determinadas incomodidades en una ocasión concreta. Pero si la experiencia se convierte de manera recurrente en una lucha por encontrar espacio, acceder a una barra, desplazarse por el recinto o simplemente bailar sin recibir empujones constantemente, la percepción del evento puede deteriorarse.
Y aquí aparece una contradicción interesante. Un festival puede aumentar sus ingresos a corto plazo gracias a un mayor aforo, pero al mismo tiempo estar deteriorando uno de sus principales activos: la experiencia que ofrece al público.
Por eso, quizá la pregunta que deberían hacerse los organizadores no sea únicamente cuánta gente puede entrar en un recinto, sino cuánta gente puede disfrutar realmente de él.
Conclusión
Es obvio que una promotora debe mirar por encontrar un beneficio económico pero, ante todo, debe generar en sus asistentes la necesidad de volver a ese festival. Si tienes que crear un sobreaforo para poder salir adelante, a lo mejor deben cambiar su modelo de negocio. Si para hacerlo tenemos que sacrificar el espacio, la comodidad y la experiencia de quienes pagan la entrada, quizá el problema no sea que el evento se haya quedado pequeño, quizá han decidido hacerlo demasiado grande.







