El aniversario de Next Level es una buena excusa para repasar la carrera de Luis López, recordar lo que supuso World Dance Music y medir hasta qué punto la radio musical sigue teniendo espacio dentro de la cultura electrónica
Cumplir cinco años puede parecer una cifra modesta en una industria acostumbrada a medirlo todo en impactos inmediatos, pero en el caso de Next Level, el aniversario tiene algo más de fondo: no solo marca la madurez de un radio show que hoy se emite en más de 170 emisoras de 15 países y reúne alrededor de 2 millones de oyentes cada fin de semana, sino que también funciona como balance de una trayectoria mucho más larga: la de Luis López, una de las figuras decisivas en la historia reciente de la radio dance en español.
Hablar de Luis es hablar de una forma de entender la comunicación musical que hoy resulta menos habitual de lo que debería. Su recorrido arranca a comienzos de los noventa y se consolida durante las dos décadas siguientes, en paralelo a la expansión de la música electrónica. En ese proceso, su papel no fue el de un mero presentador de éxitos, sino el de un mediador entre escenas, artistas y públicos. Alguien que entendió pronto que la música electrónica, para tener arraigo duradero en el ámbito hispanohablante, necesitaba también relato y una voz reconocible.
Ese lugar se volvió especialmente visible con World Dance Music, el programa que dirigió y presentó durante cerca de 18 años y que terminó convirtiéndose en un referente para varias generaciones de oyentes en España y América Latina. Primero como espacio de referencia en el mercado español y, a partir de 2008, como proyecto con vocación transatlántica, WDM abrió una vía de circulación inédita para la radio dance en español. En un momento en el que buena parte del discurso sobre la electrónica seguía llegando filtrado por medios anglosajones, Luis contribuyó a crear una conversación propia, compartida, sostenida en un mismo idioma a ambos lados del Atlántico.
No es una cuestión menor. Antes de que las plataformas convirtieran el acceso en la variable principal del consumo musical, la radio cumplía una función más compleja: seleccionaba, jerarquizaba, conectaba escenas y otorgaba sentido de pertenencia. En esa lógica, World Dance Music no solo sirvió para difundir nombres y lanzamientos, sino también para construir cultura de género. Por sus micrófonos pasaron algunos de los grandes nombres de la electrónica global como Avicii, David Guetta, Martin Garrix, Hardwell o Steve Aoki, entre muchos otros. El programa llegó a tener una presencia internacional que hoy cuesta imaginar en un formato radiofónico nacido en español.

La culminación simbólica de aquella etapa llegó con los World Dance Music Radio Awards celebrados en el Estadio Azteca de Ciudad de México en 2017 y 2018, ante cerca de 100.000 personas en cada edición. Más allá de la espectacularidad del dato, lo relevante es lo que representaba: la capacidad de una plataforma nacida en la radio para intervenir de forma real y tangible en el público.
Pero esa historia no terminó de forma natural, sino abrupta. La salida de López de World Dance Music supuso un punto de inflexión profesional y personal. Después de casi dos décadas al frente del proyecto, el final de esa etapa dejó algo más que una vacante. Y en cualquier otro contexto, eso habría bastado para terminar una carrera o dejarla en un papel testimonial. Lo singular es que, en este caso, acabó funcionando como detonante de una segunda vida.
Empezar otra vez
Next Level nació en 2021 desde una necesidad muy humilde: volver al micrófono y empezar de nuevo sin la estructura corporativa que había sostenido la etapa anterior. Primero de forma independiente, incluso con emisiones en plataformas digitales antes de reconstruir una red de radios. El proyecto fue creciendo poco a poco, emisora a emisora, país a país.
Ese origen explica parte de su identidad actual. A diferencia de otros formatos construidos desde grandes grupos de comunicación, Next Level se ha desarrollado a base de la experiencia acumulada de Luis, una agenda muy internacional, y una autonomía editorial total. En cinco años ha levantado una red propia con fuerte implantación en España y América Latina, y ha conseguido mantener presencia en algunos de los principales nodos de la industria global: Tomorrowland, Amsterdam Dance Event, IMS Ibiza, Mysteryland o las habituales emisiones desde Café Mambo.

La presencia continuada en esos espacios confirma la posición relevante de Luis López dentro del ámbito de la comunicación en la música electrónica. Y eso importa, porque buena parte del valor de un programa como Next Level reside precisamente en su capacidad para traducir esa circulación global al oído de una audiencia hispanohablante, sin perder especialización pero tampoco cercanía.
La radio después del algoritmo
En ese sentido, el quinto aniversario del programa también permite leer una cuestión más amplia: ¿qué puede seguir ofreciendo la radio musical en un ecosistema dominado por el streaming, las métricas y la saturación de contenidos? La respuesta de Next Level no pasa por competir con el algoritmo en velocidad o volumen, sino por insistir en lo que el algoritmo no sabe hacer demasiado bien: contextualizar, ordenar y dar criterio.
Ese ha sido, en el fondo, el hilo conductor de la carrera de Luis López. No tanto pinchar antes que nadie una canción, sino dotarla de marco; no solo entrevistar a figuras centrales de la escena, sino construir un lenguaje alrededor de ellas; no limitarse a reproducir lo que ocurre en la industria, sino ayudar a interpretarlo. En un momento en que la música se consume de forma cada vez más fragmentada y deslocalizada, esa función vuelve a tener peso.
Por eso los cinco años de Next Level no se leen únicamente como un simple aniversario. También pueden entenderse como una especie de culminación a una trayectoria larga, marcada por la expansión, la caída y la reconstrucción. Y, de paso, como una prueba de que la radio especializada todavía conserva un lugar propio dentro de la cultura electrónica: menos visible que en otras épocas, quizá, pero no menos relevante cuando está sostenida por experiencia y una voz con criterio.








