Festival Paraíso se anunciaba hace unas semanas como un evento que cambiaría en su justa medida la dinámica actual en lo que se refiere a festivales de la comunidad de Madrid. Pronto supimos que Paraíso no iba a ser un festival que siguiera la línea de ninguno de los que actualmente regentan en la ciudad (A Summer Story, DCODE, Mad Cool…) y que su propuesta iba a destacar por otro tipo de influencias y géneros. Este pasado fin de semana Paraíso Festival se desvirgó con un ambiente de diez, y una base que esperemos perdure en los próximos años.

Paraíso Festival nos deja una primera y clara opinión, que es a su vez un gran punto a favor: Su ambiente íntimo y cuidado al detalle. La ambientación era más que correcta, y pese a algunos (serios) problemas con el barro, sobre todo en la primera jornada, y algún pequeño retraso en los horarios por la misma razón, no hubo ningún incidente a destacar o que nos sacara del genial ambiente que allí se respiraba. Cabe destacar en este punto, que, sin menospreciar a ningún seguidor de ningún tipo de música, a veces se agradece un ambiente “tranquilo” e incluso “relajado” entre un público que superaba los veinticinco años de edad media.

Musicalmente, y como os decía antes, Paraíso Festival quiso optar por un corte al más puro estilo Sonar Barcelona. Música underground, perfectamente aliñada con otro tipo de actos y performances, cartel con mucho contenido y con actuaciones realmente exclusivas. El cartel final de Paraíso dejaba entrever un proyecto a varios años, sin ningún nombre de primera línea, pero con una idea clara y un rumbo a seguir.

El viernes a media tarde se abrían las puertas de este nuevo mundo, instalado de manera puntual en la Complutense. Ante nosotros, un recinto amplio y dividido en tres zonas/escenarios: Paraíso, Manifesto (del que os hablábamos hace unos días, y el cuál volveremos a disfrutar en otros festivales españoles muy pronto) y Club. El festival trataba en cada rincón por apostar por un ambiente ecológico y con amplia vegetación, con sistema de reciclaje de vasos, cada vez más habitual, incluido.

Los primeros artistas que tomaban parte en el nuevo festival de la capital eran Kelly Lee Owens y Sahalé. Pronto nos dimos cuenta de que el sonido, aunque era bueno, había momentos donde parecía faltar potencia o calidad en el mismo, pequeños flecos de los que seguro la organización ya ha tomado nota. Los primeros beats de Kelly, artista galesa fuertemente ligada a la escena techno, y que además presentaba su primer disco, dieron fé de este pequeño fallo. A continuación, con el set de Danny L Harle, también británico, tornamos hacía ritmos quizá más comerciales y reconocibles, para seguir con Apparat, uno de los platos que más ansiábamos echarnos a la boca en el primer día de festival. El alemán supo leer rápidamente al público madrileño, y aunque todavía eran las 23:30, optó por el techno más contundente de su repertorio habitual, donde se suele escuchar más Glitch, minimal o ambiental. No era medianoche y ya teníamos claro que los artistas venían a Madrid con idea de no arriesgar y subir rápidamente el ambiente, en una ciudad donde los eventos de música techno afloran cada fin de semana.

Cambiamos de tercio, y de escenario, para presenciar el set de Gus Gus, que aunque hicieran sonar algún clásico como Deep Inside, hicieron sobretodo promoción de su último LP, a la venta desde el pasado mes de Febrero. El escenario principal bajaba un poco la tensión de la que antes hablábamos para entrar en una fase más ambiental con el set de Kiasmos, algo totalmente contradictorio con la temperatura, que cada vez era menos dada a bailar en la pista. El set de los islandeses basó su potencial en minimal y electro-pop, géneros que, como decimos, nos dejaron algo expectantes a esas horas de la noche.

La noche del viernes decidíamos terminarla con el set de DJ Tennis. El italiano -que como dato curioso ya estuvo en la Universidad Complutense en el difunto festival Utopía-, y al que también pudimos ver a título personal hace muy poco en ADE, demostró una vez más que la veteranía es un grado cuando se trata de estos menesteres. Escenario secundario, 3:55 AM, ambiente frío, suelo embarrado y siete horas de baile en el cuerpo. Nada ello nos afectó para que el artista de Parma nos metiera de nuevo en la noche a base de Tech-House. Si queréis ver de nuevo a DJ Tennis, debéis saber que tiene su propia fiesta ‘Life and Death’ en Barcelona este próximo sábado y domingo.

Arrancaba la segunda jornada, sábado, con algo de mejor tiempo y todavía muchas ganas de festival. La tarde del sábado la decidimos abrir con el estupendo set de Henry Saiz (& Band). El veterano artista, que en los últimos años parece tener más reconocimiento fuera de nuestro país que aquí, supo enganchar rápido a los asistentes, no excesivamente numerosos a esa hora de la tarde, lo cuál creó un ambiente muy distendido.

A continuación, nos pasamos por el set de Petit Biscuit brevemente, para llegar a tiempo a ver a Floating Points en el escenario Club. El músico inglés presentaba su LIVE por primera vez en Madrid, y su actuación fue de lo más reseñable del día. El artista, ligado a sellos como INNERVISIONS, supo plasmar perfectamente su particular estilo alternativo, combinando temas propios con otros menos conocidos, con partes más melódicas y otras más oscuras. También era muy esperada la actuación de Dekmantel Soundsystem, muy dinámico y combinando varios estilos (Acid, House, electro-pop…).

No resistíamos a abandonar la zona ‘Club’, enganchados totalmente por los dos siguientes sets, el de Palms Trax y sobretodo el de Hunee, echando mano de muchos temas con un toque “ochentero”, ratos de buen techno, vocales conocidas por todos, una tremenda habilidad técnica con los platos y, sobre todo, una energía increíble encima de las tablas. Un estilo inconfundible que nos recuerda a la época donde el dijing era lo verdaderamente importante.

La noche, y el festival, lo cerrábamos con el set de Guy Gerber, del cuál no sabíamos bien qué esperar viendo sus variados últimos trabajos, y que si bien no quiso pisar en exceso el acelerador (otros lo hubieran hecho siendo el cierre), sí que supo encadenar buenos minutos de Tech y Techno para el deleite del público, ya algo cansado a estas horas.

A modo de resumen, Festival Paraíso parece (queremos creer) un proyecto a largo plazo, cuya esencia es ser diferente. Este evento trata de traer a artistas para nada convencionales ni fáciles de ver en otras plazas, y lo hace desde la humildad de quien está arrancando pero le queda mucho que decir. ¡Les seguiremos la pista de cara a 2019!