El festival escocés, que tendrá lugar este fin de semana, se ha preparado para remediar el ¿excesivo? uso de smartphones

Cada año que pasa y llega la época festivalera hay un tema que sale a la palestra, y no es otro que el uso de los teléfonos móviles en estos eventos musicales. Este próximo fin de semana tendrá lugar en Edimburgo (Escocia) el FLY Open Air Festival, el evento que se ha posicionado en contra de estas tecnologías dentro de una parte de su recinto. Se trata de un festival centrado en la vertiente underground de la electrónica, en el que actuarán artistas como Nina Kraviz, Sven Väth, Peggy Gou, Seth Troxler o Solomun, entre muchos otros.

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En sus dos días de duración, el festival escocés se ha posicionado firmemente para frenar cualquier tipo de grabación (incluso una simple mirada a la pantalla) con teléfonos móviles. Para ello, han propuesto que para acceder a su Boiler Room Stage los asistentes tengan que depositar sus celulares en una funda específica, de manera que queden totalmente bloqueados y sin poder siquiera destaparlos hasta el momento en el que se acerquen a una de las bases de desbloqueo situadas en la entrada del recinto.

Yondr Case que se utilizará en el FLY Open Air Festival

También me quiero mojar e incluir un pequeño apartado de opinión en esta entrada. ¿Son necesarios los móviles en los festivales? Bajo mi punto de vista, sí. Al menos en pleno 2019. No es ningún secreto que llevamos años inmersos en un proceso de digitalización y que las nuevas tecnologías han absorbido nuestras vidas; de hecho, ya dependemos de ellas para contactar con nuestros seres cercanos a diferencia de antaño. En este aspecto, considero que los teléfonos actuales son realmente útiles en festivales gracias a la instantaneidad que nos facilitan.

A lo que voy es a que el problema real está en no saber racionalizar el uso que hacemos de estos aparatos, y no tengo que irme más lejos que algo que he podido ver hace escasas dos semanas. Si sois seguidores de Swedish House Mafia, estaréis al tanto del gran movimiento social que hubo en Estocolmo para verles actuar de nuevo. Lo que más me sorprendió fue ver que una persona había dedicado literalmente las dos horas de show, no solo a grabarlo, sino a emitirlo en directo por Twitter (la publicación ya ha sido eliminada). No juzgo, pero yo lo último que haría después de pagar una entrada de 80 euros sería depender de tener todo grabado. Se puede buscar un equilibrio razonable entre vivir exclusivamente el momento y guardar algún vídeo para próximos días.

Soy el Asier Villalibre de este percal, pero no tengo ni idea de tocar la trompeta; solo sé un poco de música electrónica.