El estadounidense congregó a 18.000 personas en la capital andaluza para vibrar con un concierto lleno de alma y rock, donde demostró que por él no pasan los años
No todos los días se cuelga el cartel de sold out en la Plaza de España. Lenny Kravitz lo consiguió el pasado miércoles, poco después de abrir puertas, firmando el cuarto lleno absoluto de Icónica Santalucía Sevilla Fest 2026 tras los dos conciertos de Aitana y el que será un cierre histórico con Sting. Esto demuestra el tirón que tiene uno de los grandes iconos del rock de las últimas décadas, capaz de reunir a miles de personas de generaciones muy diferentes alrededor de un repertorio que ya forma parte de la historia de la música.
Y es que, aunque han pasado más de treinta años desde que comenzó su carrera, Kravitz sigue manteniendo intacta esa personalidad que le ha acompañado desde el principio. Un artista polifacético capaz de sentirse igual de cómodo encima de un escenario que delante de una cámara (recordemos que apareció en la saga de los Juegos del Hambre), pero siempre con su aura rock. Y en lo musical, esto lo mezcla con un poco de funk, soul, blues y ese punto psicodélico tan característico que lo convierte en un auténtico icono.
Tras un inicio con temas como ‘Bring It On’ o ‘TK421’, Lenny Kravitz se dirigió a todo su público en un casi perfecto español, dejando un emotivo discurso que nos animaba encarecidamente a querer, respetar, disfrutar y sobre todo, vivir y celebrar la vida permaneciendo unidos. De ahí saltaba a su tema ‘Live’, uno de los más famosos de su repertorio. Uno de los aspectos que más conquistó al público sevillano fue precisamente la cercanía del artista.

La noche también dejó espacio para momentos emotivos como su tema ‘Stillness Of Heart’, que en directo casi nos salta una lágrima. O la aparición sorpresa de un artista de tierras andaluzas. El cantaor Israel Fernández se unió a Kravitz durante ‘The Chamber’ en una colaboración tan inesperada como natural. Un guiño a la tierra que terminó de redondear una actuación donde el estadounidense volvió a demostrar que nunca ha tenido miedo de mezclar influencias y explorar nuevos caminos sin perder su esencia.
A medida que avanzaba el concierto, la Plaza de España fue transformándose en una enorme celebración colectiva. Hubo momentos donde todos los asistentes coreaban el nombre de Lenny y él, sin poder hacer algo más aparte de agradecer a los presentes, se apoyaba de rodillas en los monitores devolver el respeto y amor que le profesaban. Pero si hubo algo que el público cantó de principio a fin, fueron los grandes clásicos de Lenny Kravitz. ‘It Ain’t Over’ ‘Til It’s Over’, ‘Fly Away’ y ‘Are You Gonna Go My Way’ aparecieron en la recta final desatando la euforia definitiva de un público completamente entregado, que vivió con esto el final perfecto a un concierto histórico.

Pero no fue así, porque cuando parecía que todo había terminado y buena parte del público comenzaba a abandonar el recinto, todavía quedaba un último regalo. Kravitz regresó al escenario para interpretar ‘Let Love Rule’, el himno con el que comenzó todo hace ya más de tres décadas y que sigue resumiendo mejor que ninguna otra canción la filosofía de un artista que nunca ha dejado de creer en el poder de la música como punto de encuentro.
Hay conciertos donde el protagonista es el espectáculo, como vivimos justo el día anterior con Robbie Williams. Otros donde lo son las canciones, como el sentimiento que generan las letras de Viva Suecia. Y luego están los de Lenny Kravitz, donde todo encaja de forma casi natural. Rock con alma, una banda sobresaliente y un artista que sigue disfrutando encima del escenario como el primer día. Si el estadounidense firmó el cuarto sold out del ciclo fue por algo, y lo vivimos en primera persona.






