La tercera edición de este festival, organizada por Farraworld, se celebró este fin de semana en Costa Adeje con Pawsa como cabeza de cartel y una producción temática renovada. 

El pasado 4 de abril se celebraba la tercera edición de Lost Nomads, en el campo de golf de Costa Adeje, un espacio que la promotora Farraworld ya ha utilizado en otras ocasiones y que vuelve a funcionar como una localización cómoda y bien adaptada para este tipo de formato, podemos decir que el campo de golf ya se siente territorio Farra. 

 Tras sus exitosas ediciones anteriores en Marrakech y Dubai, el evento aterrizó por primera vez en Tenerife reuniendo a 7.000 asistentes, en una jornada que se desarrolló entre las 15:00 y las 00:00, manteniendo un formato que combina música electrónica, barra libre, zonas de descanso y una producción cuidada. Más allá del cartel, uno de los elementos más destacados de esta edición fue el rediseño completo de la escenografía, planteado como un nuevo capítulo dentro de la identidad de Farra. 

La decoración giró en torno a una estética inspirada en ruinas de civilizaciones antiguas, con referencias sutiles a templos, estructuras erosionadas y elementos propios de imaginarios desérticos. Sin caer en lo literal, el montaje apostó por una ambientación coherente y envolvente, donde destacaba especialmente una torre central que actuaba como eje visual del recinto.  

El festival abrió sus puertas a las 15:00 con la naturalidad de quien lleva años haciendo esto. Los camareros te reciben con una cerveza que te recuerda la barra libre. Segun vas analizando las areas encuentras zonas de descanso con cojines y sombras estratégicas, foodtrucks y staff dispuesto a guiarte y no solo por protocolo. Los camareros, seguridad y animadores parecían formar parte del decorado vivo: discretos cuando hacía falta, presentes cuando la energía lo pedía. Se nota el trabajo behind the scenes, nada se siente improvisado, todo fluye. 

A nivel organizativo, el evento volvió a mostrar un funcionamiento sólido. El servicio de barra fue ágil durante toda la jornada, el personal de seguridad mantuvo una presencia efectiva sin resultar invasivo, y tanto animadores como staff en general contribuyeron a mantener una experiencia fluida. Este tipo de detalles, aunque menos visibles, son determinantes en la percepción global del festival. 

El público, por su parte, respondió de forma muy positiva. Se percibió un ambiente al que los asiduos a los eventos de Farra estamos acostumbrados, con una comunidad que ya reconoce este tipo de eventos y que comparte ciertos códigos: disfrute sin excesos, respeto por el entorno y una actitud abierta hacia la música. Este factor ha sido clave en el crecimiento de Farra, ya que así es como ha conseguido consolidar una base de asistentes fieles. 

El despertar sonoro comenzó con Ana Pak B2B Tony Yawi, quienes fueron los encargados de recibirnos. Base en Tenerife, afrohouse cálido, orgánico, con ese swing que conecta inmediatamente con el entorno. El sol todavía pegaba fuerte y el césped recibía a los primeros nómadas, cerveza en mano, que llegaban como quienes llegan a un oasis después de una travesía. 

Luego llegaron los Cleepers, también parte de la escena canaria, y ahí el público local se hizo notar. No fue solo apoyo, fue reconocimiento. Sabiendo exactamente qué terreno pisaban lo sostuvieron con clase, consolidando el arranque del evento y demostrando el peso que tienen los artistas locales dentro de este tipo de propuestas. La pista no bajó ni un grado. Fue un set coherente, bien contextualizado, de esos que construyen puentes entre la escena local y el cartel internacional,  

El primer cambio de temperatura llegó con Salomé Le Chat, que introdujo un sonido más cercano al tech house, con influencias de garage. este giro aportó variedad al line up y ayudó a diversificar la propuesta musical, manteniendo el interés de la pista y adaptándose al crecimiento progresivo de la energía en el recinto. 

Uno de los momentos más destacados de la jornada fue el set de Jamback. Con una clara influencia del UK house, su actuación marcó un punto de inflexión en términos de intensidad. Fue de esos sets que no solo suenan bien: levantan el ánimo colectivo. La energía cambió; directo, alegre, con groove y con alma. La inclusión de ‘Positive‘, su última producción, fue uno de los puntos reconocibles de su set. 


El siguiente en tomar el relevo fue Pawsa, cabeza de cartel y uno de los nombres más esperados del evento. El público se volcó. Su sonido, ese house groovy, efectivo y probado en mil pistas, funcionó como un guante. Fiel a su estilo, su set se centró en una selección de edits y producciones propias orientadas a la pista, con una buena ejecución que mantuvo la energía en niveles altos. Aunque su propuesta fue sólida y bien recibida, se mantuvo dentro de parámetros conocidos, sin grandes variaciones respecto a lo que suele ofrecer en otros contextos. 

El cierre del festival estuvo a cargo de Toman B2B DJ Tennis, con una propuesta sólida y coherente con la línea sonora del evento, moviéndose entre el tech house y el minimal. En un contexto exigente, tras el punto álgido marcado por Pawsa, supieron optar por un enfoque más controlado y progresivo, apostando por un cierre elegante y sostenido. Su set mantuvo la calidad técnica y permitió al público transitar los últimos momentos del festival con una energía más contenida, pero acorde al final de la jornada. 

Farra, como promotora, sigue consolidando su posición dentro del panorama de eventos electrónicos en las islas. Con Lost Nomads, demuestra una apuesta clara por el desarrollo de conceptos propios, más allá de la simple programación de artistas. Esta tercera edición refuerza esa línea y confirma el crecimiento del proyecto. 

La confirmación de futuras ediciones no sorprende, teniendo en cuenta la respuesta del público y el nivel de ejecución alcanzado. El reto, a partir de ahora, será mantener ese equilibrio entre crecimiento y control de la experiencia, evitando perder los elementos que han definido el éxito del evento hasta el momento. 

En definitiva, Lost Nomads en Tenerife se cierra como una edición sólida, bien organizada y coherente en su planteamiento. Un festival que no busca reinventar el formato, pero que sí consigue diferenciarse a través de los detalles y de una propuesta cuidada en todos sus aspectos. 

Lost Nomads no fue solo un festival. Es un capítulo nuevo dentro del universo Farra.