La tercera edición del festival holandés destaca por una ejecución técnica y musical sobresaliente en un entorno único

Upclose es de esos festivales que te entran primero por los ojos. En sus redes vemos vídeos cuidados al detalle con planos de escenarios impresionantes y ravers dándolo todo que nos activan el FOMO (aunque seamos sinceros, de eso, en este equipo vamos sobrados). Si a eso le sumas un cartel de primera y el respaldo de una marca como Awakenings, que siempre es garantía de calidad, pues no hay mucho más que pensar. El pasado fin de semana hicimos la maleta, renunciamos a las verbenas de San Isidro y pusimos rumbo a Ámsterdam para comprobar de primera mano si Upclose estaba a la altura de todo lo que prometía.

El tiempo fue el primer invitado incómodo con el que nos topamos, el cual, si bien no arruinó nuestra experiencia, inevitablemente la acabó condicionando. Más frío del que nos gustaría, lluvia intermitente, grandes cantidades de barro que fueron ganando terreno a medida que avanzaba el fin de semana y un recinto teñido por ese gris tan característico de Ámsterdam. Nada extremo que no pudiésemos soportar pero, al fin y al cabo, era imposible no imaginar cómo habría sido ese mismo recinto con mejores condiciones climatológicas.

Porque sí, toca hablar del recinto, ya que sin duda nos parece uno de los puntos fuertes del festival. Situado en Spaarnwoude, un extenso parque a las afueras de la ciudad donde antiguamente se celebraban las ediciones de Awakenings, el entorno ya parte con ventaja. Amplio, rodeado de árboles, abierto y con un lago como telón de fondo sobre el que pudimos ver caer algunos rayos de sol al atardecer. No debemos pasar por alto en este sentido el servicio de lanzaderas, las cuales funcionaron a la perfección y consiguen que, pese a estar retirado, el acceso al festival sea cómodo, fluido y esté bien organizado.

Una vez que cruzas las puertas del festival, uno se topa con seis escenarios oficiales, uno secreto por descubrir y varios rincones que iban apareciendo, como el que encontramos dentro de un camión promocional de una marca de bebidas. Los escenarios, cada uno con su personalidad, son imponentes y cuentan con una producción técnica impecable, efectos, juegos de luces espectaculares y un sonido absolutamente perfecto. Y es que Upclose te permite estar bailando en un escenario 360 rodeado de árboles y en torno a una estructura gigante que escupe humo pero también adentrarte en una enorme carpa oscura, inmersiva y con el techo lleno de leds. Hay de todo y para todos.

Y lo mismo sucede en el plano musical. A nivel de programación, no hace falta más que echar un vistazo al line up para saber que el trabajo de curaduría musical que hay detrás del festival es, sencillamente, excelente. Destacamos en este sentido su apuesta por romper esquemas; algo que hemos podido ver reflejado en cambios de estilo (en este Upclose hemos podido ver a Freddy K pinchar house y a Ogazón pinchar techno, por ejemplo), live shows o combinaciones explosivas como la de Four Tet con Ben UFO. Tal es el nivel de su programación que, en muchos momentos del fin de semana, esto nos ha llegado a abrumar. Los solapes nos han obligado a tomar decisiones constantemente y a vivir con la sensación de estar perdiéndonos algo todo el tiempo. También os digo, ¡bendito problema!

Nuestra jornada del sábado arrancó con una primera ronda de reconocimiento para ubicarnos en el recinto (lo de que los escenarios se identifiquen por números sin orden alguno y no por nombres resultaba algo lioso de primeras) para despueés empezar la fiesta en Area 24. El camino a ese escenario, flanqueado por árboles con espejos flotantes y juegos de luces, ya nos indicó que nos adentrábamos en un lugar especial; como si cruzásemos un pequeño portal a otra dimensión. Y es que, de repente, se abría el espacio: un escenario circular en formato 360, rodeado de público (tanto a pie de pista como en unas pequeñas colinas) y con toda la acción ocurriendo en el centro, en torno a una estructura impresionante y rodeado de humo. Allí estaban Beau Didier, Flits, Isaiah y Lasse presentando su concepto Undivulged en formato F2F, una propuesta interesantísima que esperamos ver pronto por nuestro país.

Buscando algo un poco más canalla y siguiendo nuestro instinto de querer verlo todo, nos movimos a Area 07, un escenario alargado y en formato carpa parcialmente abierta donde vimos algunas de las sesiones más divertidas del fin de semana. Allí caímos en las garras del salchipapeo de Peter Blue y Noise Mafia, quienes firmaron un B2B desenfadado, divertido y muy efectivo, con guiños latinos y ritmos bailongos que funcionaron como el calentamiento perfecto.

Había que acercarse también al Area 22, el escenario en el que se dieron cita los ritmos más houseros, estructurado en torno a varias plataformas y tarimas que invitaban al baile. En este sentido, debemos mencionar que la mayoría de escenarios de Upclose están diseñados para diluir las barreras habituales entre público y artista, con accesos a zonas tras la cabina abiertos a todo el mundo y con diferentes plataformas y tarimas elevadas que fomentan una experiencia más horizontal y colectiva. Nos lo encontramos completamente a reventar ante un Alarico que presentaba Kenji Hina, una faceta más house y totalmente alejada de los sonidos a los que nos tiene acostumbrados que, lejos de ahuyentar a su público, consiguió lo contrario. Algo que el propio artista comentaría después, agradecido y sorprendido en sus redes.

Otro de los momentos destacables allí fue el set de Ryan Elliot, con ese house elegante, sexy y bailable que domina a la perfección y que coincidió además con el momento del atardecer, en el que algunos rayos de sol que se iban colando en el escenario acabaron siendo el mejor de los efectos.

El escenario secreto fue otro de esos pequeños guiños del festival que, lejos de ser realmente «secreto», formaba parte del juego. No tuvimos demasiada dificultad en encontrarlo y el sábado,en concreto, estaba especialmente animado con el takeover de Vault Sessions. Allí pudimos ver a Grace Dahl y también disfrutar de parte del cierre entre Cleric y Hyden, en un espacio pequeño, cercano y con ese punto íntimo que, aquí sí, conectaba bastante más con la idea que vende el festival. Además, su ubicación, muy próxima al Area 97, dejaba claro otro de los aciertos del recinto: pese a la cantidad de escenarios, las distancias entre ellos son cortas y el sonido está perfectamente aislado. Nada se solapa y todo convive sin interferencias.

Ya de lleno en Area 97 (el que podríamos llamar «escenario principal»), la escala volvía a cambiar por completo. La pista de baile más grande del festival se abre frente a una estructura imponente, con elementos verticales estrechos y altos en los que se proyectan algunas visuales y que, sin duda, ganan con la caída de la noche. Juegos de luces, láseres y una producción pensada para impactar y que durante la jornada del sábado acompañaron una línea musical claramente más contundente. Allí vimos a Joris Voorn desplegar un set de techno a vinilo con la pista a reventar, así como el B2B entre Ben Klock y, de nuevo, Alarico. Pero si hubo un momento que se nos va a quedar grabado para siempre fue el cierre de Collabs 3000 (la unión entre Chris Liebing y Speedy J), quienes nos dejaron con un set de techno sin concesiones, directo, muy contundente y de una calidad impecable. Uno de los puntos álgidos del fin de semana y la manera perfecta de cerrar el sábado por todo lo alto.

Y como los españoles no llevamos bien eso de irnos a las 23h a la cama, tuvimos que dejarnos caer por el after party oficial del festival el sábado en el icónico Bret. Sobre esto, como suele pasar con los afters, siempre es mejor no contar demasiado, pero sí debemos hacer mención al pedazo de set de Len Faki, quien se marcó una sesión de house que nos dejó completamente boquiabiertos y mostró una faceta que, sin ser la suya habitual, fue espectacular.

El domingo arrancó con una lluvia intensa que descargó durante unos minutos y convirtió al barro en uno de los protagonistas de la jornada pero que, en cuanto paró, volvió a activar la maquinaria y los miles de ravers que estábamos ya por Spaarnwoude seguimos como si nada. Comenzamos calentando motores en Area 07, donde vimos el B2B entre Faster Horses y Stef de Haan cargado de eurodance, hard house y sonidos tranceros, y donde nos esperaba uno de los grandes reclamos de la jornada y del festival, en general: el live de The Tunegirl.

Para quien no la conozca, The Tunegirl es una mujer alemana de más de 60 años con una apariencia absolutamente entrañable: gafas, una sonrisa y ese aire de señora a la que te imaginas tomando un té un pastas un domingo por la tarde. Pero en cuanto se pone frente a los sintetizadores y moduladores, todo ese imaginario se deshace. Lo que aparece es una precisión quirúrgica a la hora de manejar los equipos y extraer melodías. El contraste es, sin duda, potente y rompe estereotipos evidentes sobre la edad, la imagen o los códigos habituales de la escena. Y nos recuerda algo fundamental: que la música electrónica no tiene edad.

Y es que de lives iba el domingo. Nos acercamos también a ver el que hicieron Colin Benders y Dasha Rush en el escenario del bosque, un entorno en el que de nuevo se respiraba una energía especial, así como el de LSD, el proyecto conjunto creado por los veteranos del techno Luke Slater, Steve Bicknell y David Sumner aka Function. Este último tuvo lugar en el Area 01, un espacio hasta entonces desconocido para nosotros y uno de los más sorprendentes del festival. Totalmente cerrado, como una cápsula inmersiva, con el techo cubierto de LEDs envolventes y una iluminación mínima pero muy calculada, dominada por destellos en rojo y que acompañaban con los sonidos hipnóticos que el trío fue desplegando. Ver a los tres artistas en escena, completamente concentrados, conectados entre ellos y con la música como centro fue un momento especial y difícil de definir en frío. Todo un lujo y uno de esos motivos por los que Upclose es especial.

Para la recta final de la jornada tocaba volver a uno de los grandes reclamos del cartel: el encuentro entre Ben UFO y Four Tet. Sobre el papel era uno de esos sets marcados en rojo, especialmente por la presencia de este último, así que la expectativa era alta. Sin embargo, nos sorprendió encontrar una pista bastante más vacía de lo que imaginábamos. Aun así, a nosotros el set no nos decepcionó en absoluto y fue directo a nuestro top del festival.

Para el cierre, decidimos dejarnos llevar más por nuestro instinto que por la programación, y en lugar de dejarnos llevar por propuestas más «serias» de otros escenarios (como el B2B entre Marron y Freddy K), acabámos entrando en el Area 14; un espacio que quizá no tenía el foco principal pero que terminó regalándonos uno de los momentos más disfrutables del fin de semana. Allí estaba Sam Alfred con una sesión profundamente divertida, ligera y pensada para el baile sin complejos. Una pista circular rodeada de grandes contenedores, un público completamente entregado y en modo celebración colectiva y una selección musical llena de temas reconocibles y algún que otro clásico, fueron los ingredientes perfectos para confirmar que no había mejor formar de despedir Upclose.

En resumen ¿recomendamos Upclose? Si te gusta la electrónica y te mueves en terrenos underground, por supuesto que sí. La calidad de su programación es muy alta, con nombres bien seleccionados y propuestas que se alejan de lo evidente, y el nivel técnico (sonido, producción, escenarios…) está fuera de toda duda. En ese sentido, es una experiencia que no decepciona y que cumple con nota en todo lo esencial.

Ahora bien, es importante matizar lo que es y lo que no es. Pese a venderse con cierta narrativa de festival íntimo, Upclose es un festival grande. En el contexto español se percibiría claramente como un evento de gran formato, con múltiples escenarios y una afluencia considerable de público. Es cierto que, en comparación con Awakenings, puede resultar más contenido o manejable, pero si lo que se busca es una experiencia reducida, no encaja en esa definición.

Dicho esto, la experiencia global es muy positiva. Un festival muy sólido, con una ejecución impecable y un cartel que merece la pena por sí solo. Un «check» claro para cualquiera que disfrute de este tipo de sonido y quiera vivir un fin de semana de electrónica en un entorno de primer nivel.

Cris Pascual
Escucho música desde que tengo uso de razón y me lo bailo (casi) todo. En ocasiones veo BPMs.