Hay genios que parecen elegidos para entender y dominar este arte de «robar» y construir su propio arte

Cada generación tiene a sus «arquitectos» musicales. Artistas que no solo hacen canciones, sino que reescriben el pasado y lo instalan en el presente. A finales de los años 90 y principios de los 2000, nombres como Daft Punk y Burial comenzaron a extender en la escena electrónica el sampling: coger fragmentos olvidados de música y transformarlos en himnos globales. Hoy en día, Fred again.. parece ocupar ese mismo lugar simbólico: el de un artista que entiende este arte de «robar» (que no se malinterprete) como su propia manera de plasmar historias, compartirlas y hacer que trasciendan a las próximas generaciones.

Antes de seguir, ni mucho menos estoy diciendo que ellos sean los inventores de esta técnica. Solo hay que tirar de hemeroteca para conocer al pionero francés Pierre Schaeffer, quien ya a mediados del siglo XX utilizaba trozos de cinta magnética para crear montajes sonoros a partir de ruidos cotidianos. No tratemos este tema como una equivalencia literal, sino como un paralelismo histórico y cultural del uso del sampling, entendido como un lenguaje creativo que se ha ido perfeccionando con el paso del tiempo, las nuevas tecnologías y el acceso inmediato a archivos del pasado.

Fred again.. y el sampling en su diario personal

En la música de Fred again.., el sampling deja de ser una herramienta de producción para convertirse en el punto de partida de la canción. Muchas de sus composiciones nacen de fragmentos de audio que no fueron concebidos como música: notas de voz, vídeos caseros o pequeños extractos sacados de redes sociales. Materiales íntimos, casi privados, que el productor británico recontextualiza hasta convertirlos en piezas electrónicas de alcance internacional.

Canciones como ‘leavemealone’, ‘Victory Lap’ o ‘Jungle’ son buenos ejemplos de esta forma de trabajar. En ellas, la voz sampleada no funciona como un simple elemento rítmico o melódico, sino como el eje central de la producción. El ritmo, los acordes y la estructura se construyen alrededor de ese fragmento original. Y esto me parece un acierto, sobre todo si tenemos en cuenta que la música son un ciclo constante, en el que mirar al pasado para nutrirse de él es totalmente necesario. Precisamente, Fred again.. es uno de esos artistas que ha bebido de referentes como Daft Punk y, muy probablemente, también de Burial.

El paralelismo de Daft Punk y Burial para entender a Fred again..

En el caso de Daft Punk, el sampling se convirtió en una herramienta para homenajear a sus referentes musicales de los años 70 y 80. Tan solo hay que analizar álbumes como ‘Homework’ (1997) y ‘Discovery’ (2001), con los que Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo se atrevieron con esa retrospectiva para dar una segunda vida a loops instrumentales y extractos vocales. A veces, llegando a ser casi imperceptibles. Ahora bien, no sampleaban para camuflar referencias, sino para hacer su obra más poderosa con voces estiradas hasta lo robótico.

Por supuesto, hay que hablar de uno de sus buques insignia, la creación de ‘One More Time’ y todo lo que ha supuesto esta producción para la historia de la música electrónica. Viajaron a 1979 para revisitar el ‘More Spell On You’ de Eddie Jones y lo convirtieron en uno de los temas más reconocibles de nuestros tiempos. Ese gesto de mirar al pasado no con nostalgia, sino como materia prima, define a la perfección su manera de entender el sampling: no como un homenaje pasivo, sino como un acto creativo capaz de transformar fragmentos en algo universal.


Por su parte, Burial es conocido por la precariedad con la que empezó a hacer música. Sin formación musical académica, sin cajas de ritmos ni grandes librerías de sonido, su método de trabajo se basaba en crear sus propios samples a partir de grabaciones cotidianas: el sonido de la lluvia, conversaciones, coches pasando a lo lejos… que luego procesaba hasta convertirlos en paisajes sonoros personales. Aunque su uso de las voces también es especialmente significativo, ya que recurría a pequeños fragmentos vocales, los distorsionaba, cambiaba su velocidad y hacía propios. Por ejemplo, en su famoso ‘Untrue’ usó la voz de Beyoncé en ‘Resentment’ o en ‘Near Dark’ recurrió a la voz de Usher en ‘How Do I Say’.

Todo esto conecta directamente con el movimiento (si es que se puede llamar así) que décadas después está liderando Fred again.. desde un contexto tecnológico completamente distinto. Sin embargo, la lógica creativa es muy similar. En sus respectivas épocas y contextos personales, todos ellos han sabido leer el momento que les rodeaba y entender el sampling como algo más que una técnica. Más allá de las evidentes diferencias artísticas y estéticas, el resultado es el mismo en los tres casos: la reinterpretación de formas de expresión ya existentes para construir una identidad sonora capaz de trascender el material original del que partían.

El sampling como lenguaje generacional

Al final, el sampling no va de apropiarse del pasado, sino de «dialogar» con él. Daft Punk, Burial y Fred again.. pertenecen a épocas distintas, pero comparten una misma intuición: entender cualquier sonido como un archivo vivo, en constante transformación. No se trata de qué se samplea, sino de cómo y por qué se hace. Y es ahí donde algunos artistas dejan de ser simples productores para convertirse, precisamente, en genios de su tiempo.

En un contexto en el que las librerías de sonidos y los sample packs genéricos están al alcance de cualquiera, el verdadero valor ya no está en el acceso, sino en la intención. Cuando todo el mundo puede usar los mismos sonidos, la diferencia la marcan quienes son capaces de transformarlos, darles un significado e integrarlos en un relato propio. El sampling, entendido así, deja de ser una fórmula repetida para convertirse de nuevo en un acto creativo, consciente y personal.

Gorka Hernández
Soy el Asier Villalibre de este percal, pero no tengo ni idea de tocar la trompeta; solo sé un poco de música electrónica.