Más de mil personas se reunieron en el Parque José Segura Clavell para una jornada donde la música, la gastronomía, la canariedad y la cultura urbana volvieron a encontrarse en un mismo espacio

Entre música, comida, viento y reencuentros, Ribs and Beats volvió a ocupar su espacio el pasado 6 de junio, convirtiéndose en el epicentro de la cultura urbana en Tenerife con una nueva edición que reunió a más de mil asistentes y confirmó que el proyecto continúa evolucionando sin perder aquello que lo ha hecho especial desde su nacimiento en 2023. El personal del evento estuvo muy presente desde el inicio, guiando, resolviendo dudas y explicando con cercanía cómo funcionaba todo, desde los horarios de comida hasta los accesos. Un detalle que, en un formato así, suma mucho. 

La propuesta musical volvió a ser un reflejo bastante claro de lo que es el festival: mezcla sin miedo. Drum & bass, garage, jungle, breakbeat, pero también house, hip hop, R&B, afrobeat o amapiano. Todo conviviendo sin parecer forzado, como si cada artista estuviera contando una parte distinta de la misma historia. 

Kreyon fue el encargado de abrir. Y lo hizo como debía hacerse en un contexto así: sin prisas. Se movió entre funk, hip hop clásico y R&B, acompañando la llegada del público mientras el parque se iba llenando. 

Después llegó Yera Flavour, jugando con esa mezcla de música negra y sonidos latinos. Hubo salsa, hubo groove y algunos momentos de scratcheo que aportaron un toque especial al set sin romper su fluidez. 

Con All Star Fresh llegó el bloque más internacional, pero bien integrado: funk, R&B, hip hop clásico y house vocal de los 90. Un set pensado para mantener el flujo más que para romperlo. 

Rachel Wallace aportó uno de los momentos más especiales del día. Una de las voces míticas de la escena oldskool, con un peso histórico dentro de estos sonidos, su presencia cambió por completo el tono del festival. No fue solo una sesión: hubo interpretación, voz en directo y un componente emocional distinto. Clásicos, house vocal y nostalgia bien entendida, conectando especialmente con el público que lleva más tiempo dentro de esta cultura. 

Con el sol todavía alto sobre Santa Cruz de Tenerife apareció Jarreau Vandal, con su estilo libre entre afrobeat y house con groove. Se notaba que había estudiado el público, ya que incorporó bassline y speed garage —menos habituales en sus sesiones—, lo que reforzó aún más la conexión con la pista. 

La aparición de Catching Cairo marcó el punto más emocional de la jornada. Acompañada por Melly, que estuvo a los platos encargándose de la selección musical, firmó una actuación centrada en liquid drum & bass y sensibilidad vocal, en un ambiente ya más recogido. El momento más emotivo llegó con “Touch”, su colaboración junto a Hybrid Minds, uno de los temas más reconocibles de su trayectoria. Bastaron los primeros acordes para que buena parte del público la identificara al instante. Gente cantando, viento suave, luces bajando… uno de esos momentos que ayudan a explicar por qué algunos temas trascienden el tiempo.

El cierre lo hizo Mito, empezando con la caída del atardecer y terminando ya con la noche encima. Sacó a relucir temas clásicos, tocando muchos estilos del drum and bass, pasando por jungle, liquid y dancehall, entre otros. Fue subiendo la intensidad poco a poco hasta cerrar arriba. A lo largo del set estuvo acompañado por MC Dangerous D, que fue sumando energía desde el micro, animando constantemente y complementando muy bien la sesión. Desde el principio se notó al público muy dentro del set, respondiendo a cada cambio y manteniéndose totalmente enganchado hasta el final. El set fue especialmente bien recibido por el público tinerfeño, con el que Mito juega en casa, algo que se notó en la forma en la que supo leer la pista y llevarla en todo momento.


Más allá de la música, Ribs and Beats sigue manteniendo una identidad muy clara. La comida incluida con la entrada —costillas con papas y piña y opción vegana— forma parte del ritual del evento, reforzando esa experiencia de quedarse todo el día. Este año, además, se amplió la oferta gastronómica con más opciones, acompañando el crecimiento del festival sin perder su esencia. 

El arte urbano volvió a estar presente con intervenciones en directo dentro del recinto. Destacando el mural de Joel McFly, inspirado en el propio evento. 

También se notaron mejoras en la organización: más baños, más barras y más comodidad general. Pequeños detalles que, cuando el evento crece, se vuelven importantes. 

Con más de mil asistentes y entradas desde 55 euros, Ribs and Beats sigue consolidándose como una de las propuestas más personales de Canarias. Un evento que no intenta ser otra cosa, y precisamente por eso funciona. La organización ya ha confirmado fecha para el 24 de octubre de 2026. El cartel aún no se conoce, pero tampoco parece lo más importante. Lo que ya está claro es que el evento ha encontrado su sitio. Y que cada vez conecta con más gente. 

Un lugar donde la música no solo se escucha: se comparte y se disfruta, como cochinos en fango.