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Analizamos la situación actual del drum and bass en América, su pasado y su posible y deseado resurgir en 2020

¿Sabéis esa cosa que parece que va a llegar pero al final no llega? Y no, no nos referimos a la música de Pendulum (aunque podría ayudar). Hablamos del drum and bass en América, un género que está en un grandísimo estado de forma y que muchos DJs quieren consolidar en el continente en este 2020. En Twitter ha llegado incluso a convertirse un meme, y tanto público como una enorme parte de los DJs de bass music están deseosos de que el género se establezca en toda América de una vez por todas, tanto en producciones como en eventos, y abriéndole la puerta a una enorme cantidad de artistas.

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Propósitos de año nuevo

Con la llegada del 2020, todos los artistas se proponían sus objetivos para este año. Y una enormísima parte de la escena dubstep (obviamente establecida en América) lo tenía claro: este año será, por fin, el año en el que el drum and bass se asiente en América de nuevo. El debate estuvo servido durante unas semanas, y ya perdura hasta convertirse en algo rutinario. Muchos artistas de dubstep piensan en introducir el drum and bass en sus trabajos de alguna forma (EPs o álbumes), planean colaboraciones con artistas de drum and bass, o piensan en montar sus propios eventos e incluir a artistas del género. Algunos DJs, como Calyx & TeeBee, expresaron que el crecimiento de la escena americana de drum and bass es innegable. Otros, como IMANU o FuntCase aún piensan que queda mucho por hacer.

Ya hay drum and bass en América

Artistas que, o bien trabajan el drum and bass y son americanos como Flite, Ownglow, Reaper o Gridlok, o artistas que basan sus producciones y actuaciones en el dubstep pero quieren apostar fuerte por el drum and bass. Sin embargo, el dubstep y, concretamente, el riddim, tienen un absoluto monopolio del público. Es el sonido de moda y, literalmente, es de oído fácil. Sonidos repetitivos, fácil de bailar (headbanging), un tempo y percusión moderados… Sin embargo, el drum and bass va algo más allá.

Para muchos oyentes de dubstep, al principio se hace algo difícil acostumbrarse al drum and bass: mucha mayor variedad de sonidos, percusión más frenética… Quizás este ejemplo nos suene con el big room y el público mainstream con respecto a otros géneros, ¿verdad? Este dubstep contamina incluso a artistas que trabajan (o trabajaban) el drum and bass pero que se han visto absorbidos por la ola de dubstep americana. Podemos nombrar, a bote pronto, a Dirtyphonics, Delta Heavy

El público americano de bass music es cerrado de mente. Como ejemplo, podemos recordar la que le liaron a Ekali en Lost Lands 2019 por salirse de la línea del headbanging y optar por sonidos diferentes. Con público así, es difícil avanzar. Pero los artistas de dubstep parecen atreverse más y más con el drum and bass: artistas como FuntCase, Koven o Zeds Dead que apuestan por el drum and bass en sus sellos, en sus sesiones y en sus recopilaciones.

El mayor exponente de drum and bass en América

Los festivales juegan un papel fundamental. Por suerte, promotoras como Bassrush (encargada del escenario bassPOD de EDC Las Vegas) apuesta por el drum and bass prácticamente en un 50/50 con el dubstep. Su infraestructura es inmensa y su presencia en el continente ya sea a la hora de traer música en sellos como de organizar eventos lo convierte en una pieza clave en el desarrollo del drum and bass en América. La presencia del género en los festivales es mayor, como podemos ver en el caso de EDC Las Vegas con su bassPOD organizado por Bassrush o con Lost Lands introduciendo a artistas como Calyx & TeeBee, InsideInfo o Black Sun Empire.

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Ya hubo drum and bass en América (hace bastante)

Puede parecer una locura, pero hace años, alrededor de 2005, artistas que hoy en día son auténticos titanes del dubstep como Kill The Noise o 12th Planet trabajaban con sus alias Ewun e Infiltrata, respectivamente, basando sus sesiones y producciones en el drum and bass. La escena estaba establecida: eventos, artistas, una enorme cantidad de DJs y sobre todo la parte fundamental: un público que no hacía ascos a ningún subgénero.

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23 de marzo de 2007

No eran los únicos casos: uno de los artistas de drum and bass con alias de dubstep más conocidos es Jon Gooch, a quién conocemos por Feed Me y Spor. Un artista que moldeó el sonido neurofunk a la perfección y que sigue activo en la actualidad y del que pudimos disfrutar hace muy poco en Carnabass Jungle Planet. Otro de los casos más destacados es el de Evol Intent, un trío que siempre ha estado al pie del cañón en América, trabajando el género (aunque a veces con mayor o menor ritmo) sin importar el estado actual del género al otro lado del charco. Dicho trío está compuesto por Bro Safari (sí sí, Bro Safari), The Enemy y Gigantor y, al igual que Spor, siempre han trabajado principalmente el sonido neurofunk. Pese a que Spor y Evol Intent siguen en activo, su ritmo de trabajo no es tan llamativo como el de otros artistas de drum and bass mencionados anteriormente.

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De izquierda a derecha: Evol Intent (Bro Safari), Spor (Feed Me), Ewun (Kill The Noise) y el mítico Apex (que en paz descanse)

Europa también lo desea

Sellos europeos como Hospital Records, uno de los mayores sellos de la historia del drum and bass, también intentaron exponer el drum and bass americano al resto del mundo hace unos años. Por lo tanto, estamos ante una situación bidireccional: tanto los DJs europeos de drum and bass como los DJs de dubstep desean que el género triunfe en América: mayor variedad de artistas, mayor libertad creativa para los DJs que trabajan en América y sobre todo la grandísima oportunidad de mercado que supondría para una enorme cantidad de artistas europeos.

Sin embargo, muchos artistas temen que el hecho de asentarse en América implique una bajada de calidad del drum and bass, por el hecho de volverse más comercial. A parte de esto, ven con desprecio a gran parte del sonido dubstep (con cierta parte de razón), argumentando que la calidad del género y el criterio del público dejan mucho que desear. Pero la variedad y versatilidad del drum and bass permite que haya géneros más adaptables a sonidos comerciales mientras que otros mantendrán siempre su categoría underground.

Conclusión

¿Es este el año del drum and bass? Puede ser. Pero no parece que vaya a ser algo instantáneo. Progresivamente, más artistas y festivales empezarán a atreverse de muchas maneras diferentes: producciones, sesiones en directo, podcasts y, sobre todo, dando visibilidad a los artistas de drum and bass. Al fin y al cabo, una enorme parte del público escucha lo que le dan, sin tener un ápice de curiosidad o interés por descubrir más.

Por lo tanto, sacamos una clara conclusión: el cambio no va a llegar. El cambio ya está aquí, ya está pasando. Con cada DJ que se atreve a pinchar un tema en directo, con cada festival que apuesta por algún artista de drum and bass, América está más cerca de lograr ese ansiado establecimiento del drum and bass y convertirla en la que podría ser la mejor zona para disfrutar de bass music del mundo. Aunque, de momento, nos quedamos con Europa.