La diversidad musical brasileña, la fidelización del público y las barreras generacionales del clubbing centraron las tres conferencias a las que asistimos durante el Amsterdam Dance Event

Durante nuestra semana en Ámsterdam reservamos parte de la agenda para tres conferencias de ADE Pro, la programación profesional del Amsterdam Dance Event. Entre el miércoles 21 y el viernes 23 de octubre, escuchamos a artistas, promotores e investigadores hablar sobre cuestiones que también nos afectan desde el otro lado de la cabina: las raíces de la música que escuchamos, los motivos que nos hacen regresar a una fiesta y la libertad con la que podemos disfrutar de ella.

Brasil: diversidad musical y apoyo entre artistas

El miércoles 21 de octubre asistimos a ‘Brazil Calling’, nuestra primera conferencia de ADE Pro. Mochakk, Solarce Brothers, Eli Iwasa y nocapz., con Monique Dardenne como moderadora, hablaron del crecimiento de la electrónica brasileña y de las influencias que hay detrás de su música.

Uno de los puntos más interesantes fue el peso de géneros como el funk, la bossa nova y la música popular brasileña (MPB). Los artistas explicaron cómo esas referencias alimentan su creatividad y les ayudan a desarrollar un sonido propio. También hablaron del tamaño de Brasil y de las grandes diferencias culturales entre sus regiones, que aportan todavía más variedad a su música.

El funk dio pie a otro debate. Según comentaron, en Brasil todavía genera cierto rechazo, especialmente entre generaciones mayores, cuando se mezcla con otros estilos de electrónica. Incluso su consideración como música electrónica puede ser motivo de discusión dentro del país.

También se habló de las dificultades de abrirse camino desde el sur global. Hay productores que empiezan lejos del circuito internacional y en lugares donde apenas existe una escena local. Los participantes destacaron la perseverancia y el apoyo mutuo entre artistas como dos factores que les ayudan a avanzar.


Cómo conseguir que el público vuelva

Por la tarde, ese mismo miércoles 21, asistimos a ‘From First Time Visitors to Lifetime Fans’, sobre cómo convertir una primera visita en una relación duradera con el público. El programa reunía a Gustavo Rodrigues, de Village Underground Lisbon; Víctor de la Serna, de elrow y Monegros; Artur Mendes, de Boom Festival; y Cameron Heal, de Hangar, con Annie Beckett, de TicketSwap, como moderadora.

La charla se centró en la identidad de los eventos, la comunicación con los asistentes y la experiencia que se llevan de una fiesta. La pregunta era cómo conseguir que alguien quiera regresar y termine recomendando el evento a otras personas.

Con tantas propuestas entre las que elegir, mantener esa confianza es uno de los retos de los promotores. Un artista puede ser el motivo de una primera visita, pero que el público vuelva por el evento en sí requiere cuidar la propuesta a lo largo del tiempo.

Bailar a cualquier edad

Por la tarde, ese mismo miércoles 21, asistimos a ‘From First Time Visitors to Lifetime Fans’, sobre cómo convertir una primera visita El viernes 23 de octubre asistimos a ‘Why Humans Still Need Dancefloors?’, que reunió tres perspectivas complementarias: la de Sven Bijma, desde Club RAUM; la de Alice O’Grady, profesora e investigadora de la Universidad de Leeds; y la de Eris Drew, desde su experiencia como artista. Con Mark van Bergen como moderador, la conversación abordó el papel social de las pistas de baile y su importancia como lugares de encuentro, expresión y pertenencia.

Fue especialmente interesante escuchar cómo se relacionaban la gestión de un club, la investigación sobre estas culturas y la práctica artística. La pregunta del título llevaba a pensar en las condiciones que permiten disfrutar de esos espacios: sentirse aceptado, poder relacionarse con otras personas y tener libertad para expresarse a través del baile.

Uno de los asuntos que más nos llamó la atención fue la edad. Para quienes superan los cincuenta, seguir saliendo puede implicar enfrentarse al prejuicio de que el clubbing pertenece exclusivamente a la juventud, además de dificultades físicas o logísticas. La conversación invitaba a revisar hasta qué punto los espacios y las dinámicas de la noche permiten que esas personas sigan participando con comodidad, sin tener que justificar su presencia.

En el otro extremo estaban quienes empiezan a salir. La posibilidad de aparecer en una grabación puede cohibir a alguien que todavía está descubriendo cómo bailar o cómo desenvolverse en un club. La presencia constante de los teléfonos móviles introducía así otra barrera: la sensación de estar siendo observado y de que un momento de diversión pueda acabar circulando fuera de la pista.

Nos quedamos con esa relación entre dos problemas que, a primera vista, parecen distintos. Una persona puede sentirse fuera de lugar por su edad; otra, frenarse por miedo a que la graben. Ambos casos obligan a pensar en qué hace falta para que la libertad que asociamos a la cultura de club se pueda ejercer de verdad.


Nuestro paso por ADE Pro nos dejó una conclusión clara: para que la electrónica siga creciendo, hay que cuidar a quienes la hacen y a quienes la bailan. El apoyo entre artistas, la confianza del público y unos clubes abiertos a distintas generaciones son parte de ese trabajo y merecen tanta atención como lo que ocurre en cabina.

Gabriel Jaime González
DJ, viajero, casi brasileño y amante del house y de la música que emociona :)