El sábado pasado vivimos una noche para el recuerdo en lo que fue la única fecha de Alma Bakala este 2026. El oscense ocupó la main room de Fabrik y contó con la colaboración de Coliseum en la Crystal, firmando una oda al bakalao que hizo vibrar al público


Hay sesiones que se quedan en la memoria y Alma Bakala ha sido, sin ningún tipo de duda, una de ellas. Lo que hizo Andrés Campo este sábado en Fabrik no fue un all night long al uso, sino más bien, un ejercicio de resistencia, memoria y narrativa que nos hizo viajar a muchos de nosotros con temas de nuestra infancia y olvidarnos de las horas allí vividas.

Porque hoy, donde los sets de hora y media son la norma, enfrentarse a (finalmente) más de 13 horas seguidas en cabina no es solo algo poco común, es directamente excepcional. Mantener una pista viva durante tanto tiempo exige mucho más que técnica. Requiere visión, lectura constante del público y una conexión real con la gente. Andrés no solo sostuvo ese pulso, sino que convirtió la sesión en un recorrido por su propia historia.

El inicio, a modo anecdótico, ya dejó claro que iba a ser una noche especial. Abrir con ‘Mi gran noche’ de Raphael fue un guiño tan inesperado como divertido. Ironía y cultura popular que conectó con el público que ya se congregaba desde el minuto 1.

A partir de ahí, la sesión fue creciendo como el cuento mejor contado. Desde sus influencias como Kuki, alias con el que empezó a construir su identidad en Coliseum, donde nos trajo los temas más ‘bakalas’ de la época, que escuchamos con pinceladas de hard trance y eurodance, impactaron tanto a los más mayores de la sala como a los jóvenes que se han empapado del resurgir de este sonido. Porque si algo caracterizó la noche fue la emoción y la vuelta al pasado, y como nos gusta a nosotros que nos hagan revivir nuestros años de gloria…

Foto: @peiozamaa

Ni nos sobró ni nos faltó un solo temazo. Escuchamos desde clásicos como ‘Kernkraft 400’ o himnos del remember como el archiconocido ‘Children of the Demon’ hasta otros temas más tranceros y melódicos propios del sonido Coliseum como el remix de Flutlich al ‘Expander’ de Marc Dawn, ‘Join Me’ de Lightforce o ‘El Viento’ de DJ Hynx. Tampoco faltaron guiños a su sonido actual, y es que cómo iba Andrés a dejarnos sin cantar eso de ‘¿Dónde está el after lololó?’

Más allá de lo musical, si algo destacamos del show es el trabajo, mimo y cuidado por cada detalle que se se percibía detrás de él. No era una fecha cualquiera, y el oscense y su gente lo sabían bien. Le vimos concentrado, emocionado y arropado por los suyos. La sensación general fue que, tanto quienes estaban en cabina, como quienes estábamos en pista no podíamos sentirnos más felices por él. Lo que ocurrió el pasado sábado en Humanes fue una gran fiesta, sí, pero también una especie de reconocimiento colectivo hacia la trayectoria de un artista que ya ha hecho historia y que, sin duda, seguirá haciéndola.

Fue también un gustazo poder ver a varias generaciones conectadas y enfocadas, con una pista con menos móviles de lo habitual y totalmente entregada al baile. Y es que, quizá Alma Bakala también vaya de eso, de reivindicar lo nuestro y lo de siempre. Porque en una escena que a veces parece que presta más atención a lo superficial, no está de más apelar a lo sencillo y a lo auténtico. Una mirada hacia tiempos (no tan lejanos) en los que la música se vivía con menos artificios, con menos postureo y sin necesidad de encajar en tendencias pasajeras. Tiempos en los que solo se necesitaba un coche y unos colegas con ganas de hacer kilómetros para conocer una sala o ir a una sesión. Y eso es justo lo que Andrés y Alma Bakala consiguieron generar en Fabrik; una sensación de comunidad, de identidad y de amor por la música.

Foto: @daniiyellow

En paralelo al maratón de Andres Campo en la sala principal, la Crystal 360 acogió uno de los espacios más especiales de la noche con el takeover de Coliseum, el club donde el artista aragonés dio sus primeros pasos y que ha marcado de forma decisiva su identidad musical. Más allá de un simple segundo escenario en Fabrik, la Crystal se convirtió en un auténtico punto de encuentro intergeneracional, reuniendo a nombres que han construido la historia del club desde sus inicios en 1993 hasta la actualidad.

La apertura corrió a cargo de DJ Frank, uno de los pilares históricos de Coliseum, que desde primera hora imprimió ese carácter reconocible del sonido bakala con una selección directa, melódica y cargada de esencia noventera. Tras él, SP!CY XORIZO, residente de la casa, tomó el relevo manteniendo la energía en ascenso con un enfoque más actual pero fiel a las raíces del club, combinando contundencia y ritmo en una sesión muy enfocada a la pista.

La noche avanzó con la entrada de Dave, uno de los nombres que han contribuido a consolidar el sonido de Coliseum a lo largo de los años. Su set reforzó esa conexión con la identidad del club, apoyándose en estructuras de géneros más duros como el jumpstyle o el newstyle que mantuvieron a la pista completamente enganchada. A continuación, Marchuky, residente actual, aportó frescura sin perder la esencia, demostrando la continuidad generacional del proyecto con una sesión sólida y bien construida.


Ya entrada la madrugada, el protagonismo pasó a manos de Ivan Xtreme, que elevó la intensidad con una selección más contundente, manteniendo la pista en constante movimiento a ritmo de algunas de sus producciones más conocidas como ‘Language of Love‘, pasando por algunas melodías emocionantes y desatando una energía enloquecida en el público con ese auténtico sonido Coliseum. 

En esa misma línea, David F tomó el control de la cabina con un set equilibrado, combinando fuerza y desarrollo melódico, recordando a esas largas sesiones que han definido la historia del club. El tramo final reunióa dos nombres clave para entender el legado de Coliseum. Primero Javi Aznar, figura histórica vinculada a los orígenes del sonido, que aportó ese carácter más clásico y emocional tan ligado a la cultura bakala. Después, Lazaro tomó el relevo llevando la sesión hacia terrenos más contundentes con su particular estilo que tanto furor ha causado siempre en tierras oscenses, preparando el terreno para un cierre final que simbolizaba perfectamente la unión de todas las etapas del club.

Más allá de los sets individuales, lo vivido en la Crystal fue un homenaje en sí mismo: un recorrido por la historia de Coliseum y, en consecuencia, por una parte fundamental de la trayectoria de Andrés Campo.  Un espacio donde pasado, presente y futuro convivieron.

Y aunque quisieramos que esa noche fuera eterna, el cierre se acercaba a pesar de que las más de 13 horas parecían que no pesaban en las almas allí presentes. Cantaditas y temas míticos como ‘Goldener Raver’ hicieron un broche perfecto con un final lleno de emoción, donde todos quisieramos seguir ‘bakalas’ un par de horas más. Como ya es costumbre para los amigos de la casa, Andrés recibió y firmó su cuadro como reconocimiento al show histórico que nos dejó.

Foto: @daniiyellow