El 25 de abril no será una fecha más en Fabrik. Andrés Campo plantea uno de los movimientos más poco habituales que se pueden ver hoy en día en la escena club: una sesión maratoniana de 12 horas seguidas -de 18:00 a 06:00- presentando Alma Bakala, su exitosa apuesta que revive el espíritu de la Ruta del Bakalao.
No es solo una cuestión de duración. Es, en la práctica, un desafío directo a cómo funciona el consumo de música en directo en la actualidad. En un contexto donde predominan los sets cortos, los cambios constantes de DJ y los impactos rápidos, sostener una narrativa durante toda una noche completa es otra historia. Aquí no hay cortes, ni reset, ni margen para esconderse: todo depende de la capacidad de construir y mantener la dinámica durante horas.

En ese sentido, la cita apunta también a un hito dentro de la propia sala. Muy pocos artistas -por no decir ninguno en este formato- han asumido una sesión de estas características en Fabrik. Un reto que conecta directamente con la figura de Kuki, el alias con el que Andrés dio sus primeros pasos y que forma parte esencial de este proyecto.
Porque Alma Bakala no es un ejercicio de nostalgia ni un simple guiño al pasado. Es el punto donde conviven dos etapas del mismo artista: el Andrés Campo actual y el DJ que se formó en cabinas como Coliseum. De ese cruce sale una sesión donde no hay fronteras entre épocas ni necesidad de ordenar los estilos en compartimentos. Todo forma parte del mismo recorrido.
El planteamiento recupera una lógica que durante los años 90 era habitual en España, cuando el DJ no era una pieza dentro de un cartel, sino el eje de toda la noche. Las sesiones no se medían en horas cerradas ni en picos constantes, sino en evolución. Con el tiempo, ese modelo se fue diluyendo entre festivales, formatos más comprimidos y una escena cada vez más acelerada.
Lo que propone el aragonés aquí va en dirección contraria. No busca encajar en ese ritmo, sino romperlo. Apostar por el tiempo largo, por la construcción progresiva y por devolver protagonismo a la cabina como espacio central. Y hacerlo, además, en un entorno como Fabrik, donde la escala del evento multiplica la exigencia.

La noche no se quedará solo en la sesión principal. Habrá una segunda apuesta programada por Coliseum, clave en la trayectoria del artista, que aportará una lectura paralela al evento. Un añadido que refuerza el vínculo entre pasado y presente sobre el que se construye Alma Bakala.
La cita en Madrid será, además, la única fecha confirmada del proyecto este año, después de un recorrido por distintas salas del país con aforos completos y de su paso por eventos de gran formato como Espacio Zity, donde quedó claro que la propuesta funciona tanto en clubes como en grandes recintos.
A todo esto se suma la proyección de un documental el 20 de abril en el Teatro Albéniz, dentro del UMusic Hotel de Madrid, que amplía el contexto del proyecto más allá de la pista.
Andrés lleva tiempo moviéndose en esa línea: no repetir fórmulas y buscar nuevas formas de plantear la cabina. Este gran proyecto es, probablemente, su movimiento más ambicioso hasta ahora. Una sesión sin red, sin atajos y sin pausas, donde el margen de error es mínimo y la recompensa pasa por algo que cada vez se ve menos: una noche construida de principio a fin. Las entradas ya están a la venta para una noche que apunta a ser histórica.







