Hay un momento en la carrera de muchos artistas en el que todo encaja: ya no tienen que demostrar nada, pero tampoco han perdido el hambre. En ese punto es donde parece estar Wilkinson con ‘Infinity’, un disco que no busca reinventar el drum & bass, pero sí expandirlo desde dentro, con más intención y menos presión.
Porque si algo se percibe a lo largo del álbum ,y también en cómo habla de él, es precisamente eso: libertad. Wikinson mira al infinito, no es un proyecto construido con una idea rígida desde el inicio, sino una recopilación de sonidos, emociones y direcciones que han ido tomando forma con el tiempo. Y eso, en lugar de hacerlo disperso, le da una cohesión bastante natural, casi orgánica.

Un álbum que no suena forzado
A diferencia de otros trabajos más pensados para funcionar como colección de singles, Infinity tiene algo más de recorrido. No da la sensación de estar diseñado únicamente para encajar en playlists o festivales, aunque evidentemente también tenga momentos para eso. Hay una intención clara de construir un conjunto que se escuche de principio a fin, sin que cada track compita por destacar por encima del resto.
Eso tiene mucho que ver con el momento personal de Wilkinson. Después de discos como Lazers Not Included o Cognition, que lo colocaron en una posición muy sólida dentro del drum & bass global, este nuevo trabajo parece partir desde otro lugar. Menos presión comercial, más curiosidad creativa. Y se nota.
Entre la pista y la emoción, pero con más matices
Si hay algo que siempre ha definido a Wilkinson es su capacidad para moverse entre el drum & bass más accesible y una vertiente más emocional, apoyada en vocales y estructuras abiertas. En Infinity ese equilibrio sigue presente, pero está mejor integrado.
No hay una separación tan clara entre «tema de festival» y «tema emocional». Aquí todo convive en el mismo espacio. Un track puede empezar con una atmósfera bastante íntima y acabar en un drop contundente sin que parezca forzado, o al revés, bajar revoluciones después de un momento más intenso sin perder coherencia.
El propio tema ‘Infinity’ funciona casi como eje del disco: una mezcla de energía y sensibilidad que resume bastante bien la intención del proyecto. No es solo un banger, pero tampoco se queda en lo introspectivo. Está justo en medio, que es donde Wilkinson se mueve mejor.
Un sonido que se abre sin perder identidad
Otra de las cosas interesantes del álbum es cómo amplía su paleta sonora sin perder lo que lo hace reconocible. Sigue habiendo ese toque melódico que lo ha acompañado durante años, pero aquí aparece más matizado, menos obvio en algunos momentos.
Se permite explorar estructuras más largas, cambios de ritmo más sutiles y una producción que, sin dejar de ser limpia y efectiva, tiene más capas de lo que parece en una primera escucha. No es un disco que te lo dé todo de golpe. Hay detalles que aparecen con el tiempo.
Y eso, dentro de un género que muchas veces vive del impacto inmediato, tiene bastante valor. El título del álbum no es casual. ‘Infinity’ no suena a cierre de etapa, sino a continuidad. A un artista que, después de más de una década dentro de la escena, todavía tiene interés en seguir explorando.
De hecho, esa sensación de “esto no se acaba aquí” está muy presente. Wilkinson no intenta replicar sus grandes éxitos ni apoyarse demasiado en la nostalgia. Más bien al contrario: el disco transmite la idea de que todavía hay margen para crecer dentro de su propio sonido. Y eso es algo que no todos consiguen después de tantos años en la industria.
El lugar de Wilkinson dentro del drum & bass actual
En un momento en el que el drum & bass vive una nueva ola de popularidad, con el género volviendo a colarse en charts y festivales mainstream, Wilkinson ocupa una posición bastante particular.
No es el más experimental ni el más underground, pero tampoco se limita a hacer fórmulas fáciles. Está en ese punto intermedio donde puede conectar con públicos muy distintos sin perder una identidad clara.
Infinity refuerza esa idea. No es un disco que busque romper con todo, pero sí uno que demuestra que hay formas de evolucionar dentro del género sin perder su esencia.

Más que un disco, un punto de partida
Quizá lo más interesante de ‘Infinity’ no es lo que es, sino lo que sugiere. No suena a resumen de carrera ni a recopilación de hits. Suena a algo que abre puertas. A un artista que, en lugar de acomodarse, decide seguir probando cosas nuevas, aunque sean pequeños matices, pequeños cambios que no siempre se perciben a la primera.
Y en un contexto donde muchas veces todo va demasiado rápido, ese tipo de evolución más tranquila, más pensada, casi se agradece. Porque al final, más que mirar atrás, Wilkinson parece estar haciendo justo lo que dice el título: Seguir hacia delante.






