Ye volvió a España veinte años después de su última actuación para ofrecer ante más de 60.000 personas uno de los conciertos más espectaculares que hemos vivido en nuestro país, combinando algunos de sus mayores éxitos con una puesta en escena sencillamente descomunal

Veinte años. Ese es el tiempo que ha tenido que pasar para volver a ver a Kanye West, ahora conocido como Ye, actuando en España. El pasado jueves 30 de julio, el Riyadh Air Metropolitano de Madrid recibió a una de las figuras más influyentes, polémicas y difíciles de definir de la música contemporánea. Más de 60.000 personas se reunieron para asistir a un concierto que llevaba meses rodeado de incertidumbre y que, finalmente, terminó convirtiéndose en una de las grandes citas musicales del año.

La expectación ya era enorme antes de entrar al estadio. Buena parte del público había llegado desde fuera de España, con asistentes procedentes de numerosos países europeos, muchos de ellos después de que distintas fechas de la gira fueran canceladas. Las camisetas blancas de Ye (con un coste de 75€ en el merchandising oficial del evento) teñían las gradas mientras, en el centro del terreno de juego, una gigantesca estructura semiesférica esperaba a convertirse en el protagonista visual de la noche. Y lo fue.

Pasadas las 21:00 (algo tarde, como era de esperar), con todavía algo de luz sobre Madrid, un grave zumbido comenzó a inundar el Metropolitano. El humo empezó a salir alrededor de la estructura y, después de unos bastantes minutos de tensión, como si algo grande se estuviera acercando, Ye apareció en lo alto de la semiesfera completamente vestido de rojo. Sin grandes discursos ni una entrada convencional. Solo él, la cúpula y más de 60.000 personas esperando el primer golpe.

Sonó ‘KING’ y comenzó el viaje. El arranque fue directo al repertorio más potente del artista. ‘Father Stretch My Hands Pt. 1’, ‘Can’t Tell Me Nothing’ y ‘Niggas in Paris’ hicieron que el estadio se viniera abajo prácticamente desde los primeros minutos. Especialmente llamativo fue comprobar que, pese a que el sonido no siempre fue perfecto y la ausencia de pantallas podía dificultar la visión desde algunas zonas, el público conocía cada canción de principio a fin.

Después llegarían ‘Mercy’, ‘Praise God’, ‘Black Skinhead’ y ‘On Sight’, entrando en una de las partes más físicas del concierto. Las bases industriales y los graves hicieron que el Metropolitano pareciera más una gigantesca pista de baile que un estadio de fútbol. Ye permanecía prácticamente solo sobre la estructura, mientras su reducido equipo de DJs y sintetizadores trabajaba escondido en un lateral del campo.

Y entonces llegó uno de los grandes momentos de la noche: ‘Power’. Un bucle de una vocal de la anterior canción hizo la transición perfecta al sonido que se repite en ‘Power’. Fue aquí cuando la semiesfera comenzó a transformarse. La superficie gris se convirtió poco a poco en una gigantesca Tierra suspendida sobre el público, mientras Ye caminaba sobre ella. La imagen era espectacular y resumía perfectamente la propuesta del concierto: un artista completamente aislado del resto del escenario, situado literalmente sobre el mundo que acababa de construir a su alrededor.

‘Bound 2’, seguida de ‘Fade’ y una emotiva ‘Heartless’, gracias a las luces de los teléfonos y sus linternas, que dejaron una estela en las gradas muy bonita. Por primera vez, además, la esfera mostró imágenes en directo del propio Ye. Cámaras en distintas posiciones del estadio proyectaban en la bola al artista algo especialmente agradecido en un recinto de estas dimensiones.

Uno de los momentos más curiosos llegó con André Troutman, que apareció en uno de los laterales del escenario para aportar su característico talkbox en ‘All The Love’. El concierto también jugó constantemente con la nostalgia y con algunas de las referencias que han acompañado la carrera de Ye, incluyendo una reinterpretación de ‘Everybody’ de los Backstreet Boys.

El repertorio continuó recorriendo buena parte de su carrera. ‘Famous’, ‘Run This Town’, ‘American Boy’, ‘Jesus Walks’ y ‘Through the Wire’ demostraron que estamos ante uno de esos artistas cuyo catálogo parece no tener fondo. Cuando sonaba una canción, el público respondía con otra generación de recuerdos.

Y si había un tema capaz de demostrarlo, ese era ‘Gold Digger’. Las gradas comenzaron a saltar mientras todo el estadio cantaba la canción de principio a fin. ‘Touch the Sky’, ‘Good Life’ y ‘Homecoming’ mantuvieron la energía arriba antes de entrar en el tramo final.

La producción también alcanzó aquí su máximo nivel. ‘All of the Lights’ llegó acompañada de una auténtica explosión de luces y pirotecnia, con la Tierra iluminándose completamente en el centro del estadio. Después, ‘Flashing Lights’ y ‘Stronger’ terminaron de convertir el Metropolitano en una gigantesca fiesta. La esfera giraba a toda velocidad mientras miles de personas saltaban y dejaban la voz. Que, a destacar, la gente estaba eufórica en cualquier fase del concierto y cantara lo que cantara. Se notaba que no había gente de postureo, solo fanes reales del artista.

Pero todavía quedaba el momento que muchos estaban esperando. Ye desapareció durante unos instantes. Cuando volvió, lo hizo acompañado de un MPC y se colocó en lo alto de su particular mundo. Solo necesitó pulsar la primera nota de piano para que todo el estadio supiera qué canción venía.

La famosa primera nota, que se repite durante 15 veces, desencadenó una de las mayores ovaciones de toda la noche. Las luces de los móviles volvieron a aparecer por las gradas (como era de esperar), y durante unos minutos, toda aquella gigantesca producción quedó en segundo plano. Solo estaban el piano, la voz de Ye y miles de personas cantando una de sus canciones más importantes. ‘Runaway’.

Y ese fue probablemente el mejor resumen de la noche. Porque más allá de la polémica que ha acompañado a Kanye West durante los últimos años, de sus declaraciones, de las cancelaciones de varios conciertos de esta misma gira y de la enorme división que genera su figura, resulta imposible negar la influencia que ha tenido su música.

Ver a más de 60.000 personas cantando un repertorio de, lo que parecio ser, un repaso a sus canciones más relevantes, ha servido para recordar hasta qué punto sus canciones forman parte de la cultura de la música.

Ye volvió a España veinte años después y no lo hizo con un concierto convencional. No necesitó una sucesión interminable de invitados ni grandes discursos para conectar con el público. Construyó una Tierra en mitad del Metropolitano (wow), se colocó encima de ella y dejó que su repertorio musical hiciera el resto.

Kanye West demostró en Madrid por qué, pese a todo, sigue siendo uno de los artistas más importantes y comentados de nuestros tiempos.

Como siempre, para los más frikis, os dejamos la tracklist del concierto:

‘KING’
‘Father Stretch My Hands, Pt. 1’
‘Can’t Tell Me Nothing’
‘Niggas in Paris’
‘Mercy’
‘Praise God’
‘Black Skinhead’
‘On Sight’
‘Blood on the Leaves’
‘CARNIVAL’
‘Power’
‘Bound 2’
‘Fade’
‘Heartless’
‘ALL THE LOVE’
‘FATHER’
‘EVERYBODY’
‘Famous’
‘Run This Town’
‘American Boy’
‘Jesus Walks’
‘All Falls Down’
‘Through the Wire’
‘Gold Digger’
‘Touch the Sky’
‘P.Y.T. (Pretty Young Thing)’
‘Good Life’
‘Homecoming’
‘All of the Lights’
‘Flashing Lights’
‘Stronger’
‘Ghost Town’
⭐ ‘Runaway’ ⭐
‘TRUE LOVE’

Rafael Ruiz
Melómano diagnosticado. DJ, videógrafo y multitasking variopinto @rafff______________