En una etapa donde su nombre empieza a circular con más peso dentro del circuito alternativo, el pasado viernes 17 James K aterrizó por primera vez en Madrid con un directo que confirma que confirma el gran estado de su carrera, y como su música ha ido trascendiendo en diferentes lugares. El lugar que acogió este show fue Contemporánea Condeduque, espacio del Área de Cultura, Turismo y Deporte dentro de su serie Soundset, que además colgó el sold out sin hacer demasiado ruido mediático.
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Tras apostar por artistas como Claire Rousay, Bendik Giske, Purelink, Caterina Barbieri, Astrid Sonne o Ana Roxanne, Contemporánea Condeque continúa siendo uno de los lugares donde se puede disfrutar en Madrid de corrientes experimentales actuales que marcan tendencias, como fue el show del que hablamos en esta crónica.
La puesta en escena fue tan simple como precisa: luces turquesa, moradas y verdes envolviendo el espacio, y visuales proyectados al fondo que dialogaban con esa estética entre lo onírico y lo fragmentado, de la mano con la corriente musical de la artista. El sonido fue nítido y con un equilibrio magnífico, siendo algo que el público comentó a la salida. Volvimos a confirmar el poderío de los shows de escucha, en los cuales el público respeta de principio a fin, generando una experiencia en la que la música está en primera plana.
El repertorio estuvo enfocado en su último álbum ‘Friend’, con momentos destacados como ‘Days Go By’, ‘Blinkmoth’ o ‘Doom Bikini’, con ese sonido que se mueve entre estructuras pop difuminadas, shoegaze, pulsos cercanos al trip hop y a los breaks, todo bajo capas experimentales. Un live coherente, sin silencios incómodos entre transiciones, perfectamente guiados por las diferentes direcciones de su aclamado álbum.
Aunque la interacción con el público fue mínima, hubo cercanía real: intervenciones breves, casi tímidas, pero suficientes para generar conexión. Después del concierto, se quedó charlando con quien quiso acercarse, firmando vinilos y compartiendo ese momento humano.,
El cierre llegó con ‘Play’, dirigiendo el final del show hacia un terreno más club, como bien ella afirmó, con ritmos rotos que rompieron la calma mayoritariamente establecida durante el transcurso de todo el show, arrancando unos vítores del público.






