Volvimos a Hyperlink, hermano pequeño de Blackworks, para otra noche de hardtechno en La Riviera. Una fiesta con un cartel más íntimo pero muy bien elegido que transporta el espíritu de la marca madrileña a una sala más pequeña y con un ambiente auténtico
Hyperlink volvió este sábado a La Riviera con uno de esos carteles algo más íntimos, pero muy bien pensados para el tipo de fiesta que es. Una noche sin tantos artificios como su hermano mayor pero con una energía muy clara, llevar el hard techno a una venue mas íntima para un público más file. Con su color, el verde, por todas partes, la pantalla con el logo presidiendo la sala y un ambiente espectacular.
Y es que Hyperlink, pese a ser todavía el »bebé» de Blackworks, ya empieza a tener una identidad bastante definida. Producción cuidada, estética reconocible y una forma de acercarse al hard techno quizá más accesible para quienes están entrando ahora en este sonido. Una puerta de entrada más asumible que los eventos de grandísimo formato que son Blackworks. Un lugar para ver el ambiente real de la escena.

Una apertura con energía
La noche arrancó con GR43N, ganador del DJ Contest, encargado de abrir la pista y empezar a mover a los primeros valientes. Siempre es complicado abrir una sala como La Riviera, pero su set tuvo la energía suficiente para activar rápido al público y dejar la noche bien encaminada.
Después llegó Nozz Madboy, quizá el momento más inesperado de la noche. Ya antes de empezar llamaba la atención verle totalmente concentrado, literalmente meditando antes de salir a cabina. Y el set mucho algo de esa vibra tan peculiar. Giros sorprendentes, cambios de energía y un punto de show que no esperábamos.
Y en mitad del set la locura. Sacó una guitarra eléctrica y se marcó un solo que dejó a más de uno mirando al escenario con cara de ‘vale, esto no lo vi venir’. Para rematar, su pareja salió a cantar, convirtiendo parte del set en una especie de concierto improvisado dentro de una noche de hard techno. Después, claro volvió a los platos, cerrando una actuación que, como mínimo, fue diferente.
Stan Christ y Natte Visstick, el peak de la noche
Con Stan Christ la noche entró en una fase más seria. El holandés fue subiendo la intensidad poco a poco, con ritmos cada vez más marcados y ese tipo de techno que se siente más en el pecho que en la cabeza. Un set directo, crudo, físico, que funcionó muy bien para un público que ya estaba totalmente entregado
Y el cierre fue para Natte Visstick, que vino exactamente a lo que se esperaba de él. Fiesta, baile, jumpstyle y esa energía bastante »absurda», en el buen sentido, que le ha convertido en un nombre tan reconocible. Entre momentos de locura, gritos al micro y su ya mítico It’s time to jump motherfuckers, dejó claro que sabe perfectamente cómo ganarse a su público.
La sensación general es que Hyperlink está encontrando bastante bien su sitio. No tiene todavía el peso ni la dimensión de Blackworks, evidentemente, pero tampoco parece que quiera jugar exactamente en esa liga. Su gracia está más en ofrecer una versión algo más cercana, más joven y más directa de este universo.
La Riviera volvió a funcionar como marco para una noche intensa, visualmente muy marcada por ese verde tan característico de la marca y con un público entregado desde temprano. Y aunque el cartel no fuera gigantesco, sí estuvo bien equilibrado: talento emergente, momentos de show, techno más contundente y un cierre claramente pensado para dejar a la sala arriba.
En resumen, otra noche que confirma que Hyperlink puede seguir creciendo si mantiene esta línea: identidad clara, buenos bookings y una energía fácil de reconocer desde que entras por la puerta.






