El dúo formado por Dennis Cruz y PAWSA estrenó su propuesta en la capital con una convocatoria multitudinaria en el nuevo espacio del Autocine, que convenció por sonido, producción y ambiente en una cita con marcada sensación de club
Madrid sigue buscando recintos capaces de absorber el crecimiento de su escena electrónica sin perder del todo la sensación de club. No es una tarea sencilla. Entre las limitaciones habituales del formato open air, la presión vecinal, las exigencias administrativas y la escasez de espacios realmente funcionales para eventos de gran formato, cada nueva apuesta se mira con lupa. En ese contexto aterrizaba el pasado sábado la primera edición de GOLFOS en la capital, el proyecto compartido de Dennis Cruz y PAWSA, y lo hacía además con otro estreno importante: el de BSMT Live en The Lenovo Garage, el nuevo espacio ubicado en el Autocine Madrid.
La cita llegaba, además, con un precedente reciente que ayudaba a medir expectativas. No hace tanto que PAWSA y Dennis Cruz pasaron por Madrid dentro de aquella multitudinaria jornada de Solid Grooves en la Universidad Autónoma, una fecha que confirmó el enorme tirón de ambos nombres en la ciudad, pero que también dejó sobre la mesa una realidad conocida: en Madrid no basta con reunir a miles de personas y un cartel potente; también hay que dar con un recinto que esté a la altura. Por eso, buena parte del interés de esta primera jornada de GOLFOS estaba, incluso antes de mirar a la cabina, en comprobar qué podía ofrecer este nuevo enclave.
Y la primera impresión, en este caso, fue francamente positiva. Sobre todo por el sonido. Desde bastante pronto quedó claro que ahí estaba una de las claves de la jornada: presión, pegada y nitidez, incluso en la parte más retrasada de un recinto amplio, algo poco habitual en este tipo de convocatorias masivas en Madrid. A eso se sumaba otro acierto importante: el hecho de que el espacio fuese cubierto y no entrase luz natural ayudaba a crear una atmósfera mucho más cercana a la de una sala que a la de un evento diurno al uso. Había tamaño, sí, pero también cierta sensación de continuidad, de encierro bien entendido, de pista.

La producción acompañaba sin necesidad de grandes artificios. Un gran rectángulo suspendido sobre la cabina concentraba buena parte del peso visual, mientras varias estructuras colgantes con iluminación y humo terminaban de vestir el espacio con eficacia. Tampoco desentonaban los aspectos más prácticos, que muchas veces son los primeros en fallar: baños amplios y de verdad, no los habituales químicos; circulación razonablemente cómoda; barras ágiles; y una zona exterior bien pensada para descansar o comer algo, aunque el frío y el viento de la tarde invitaran a no demorarse demasiado fuera.
Dentro, mientras tanto, se iba formando un ambiente claramente internacional, con mucho público extranjero, mezcla de edades y también bastantes asistentes locales. El sold out, por otro lado, era bastante previsible. El tirón de GOLFOS ahora mismo es el que es, y la sensación antes incluso de entrar ya era que no iba a ser una cita cualquiera. Y así fue: con el recinto lleno desde temprano, se respiraba esa energía constante que pocas veces decae y que sostiene una pista durante horas.
Hubo, eso sí, un momento incómodo que fue probablemente lo peor de la tarde, aunque no por cuestiones atribuibles a la organización. Hacia las 22:20, en la zona central de la pista, alguien lanzó algún tipo de gas lacrimógeno o sustancia similar, lo que hizo imposible permanecer allí durante varios minutos. La reacción del público, en cualquier caso, fue bastante ordenada: mucha gente empezó a salir tapándose la cara y tosiendo, tratando de entender qué estaba ocurriendo, pero sin que llegara a producirse una situación de caos. Fue un episodio desagradable que rompió momentáneamente la dinámica de la sesión, aunque por suerte no pasó de ahí.
Más allá de ese incidente puntual, el ambiente a pie de pista dejó una sensación muy concreta: la propuesta visual huía de florituras para centrarse en lo que de verdad importa, la música y ese groove tan característico de GOLFOS. También ayudó el propio comportamiento del público. En una época en la que parece que todo el mundo necesita grabarlo todo, aquí no fue exactamente así. Había móviles, claro, pero bastantes menos de lo habitual. La mayoría estaba bailando, pendiente de lo que ocurría delante, y eso cambia por completo la percepción de la pista.
En esa conexión tuvo mucho que ver lo bien que se entienden Dennis Cruz y PAWSA en cabina. No se trata solo de que pinchen juntos, sino de que se les ve cómodos, sueltos, sabiendo en cada momento por dónde va a ir el otro. El estilo de PAWSA es quizá más reconocible y en ciertos pasajes se imponía con claridad, pero lo de Dennis también tiene mucho mérito: sabe adaptarse al terreno sin que el set se resienta ni pierda coherencia, manteniendo siempre su personalidad dentro del conjunto. En lo musical, esa compenetración se tradujo en una sesión sin apenas descanso, sostenida sobre ese terreno en el que el groove no da tregua. Sonaron temas ya inseparables del imaginario del proyecto, como ‘BANG BANG’ de PAWSA o ‘Bonito’ de Dennis Cruz, fácilmente reconocibles desde los primeros compases y recibidos abajo como auténticos himnos.
Y cuando parecía que la jornada ya encaraba su desenlace natural, llegó una última sorpresa: la música no se detuvo a la hora prevista y la sesión se alargó una hora más. Esos sesenta minutos extra terminaron de redondear la experiencia y dejaron algunos de los momentos más celebrados de la noche. El cierre, además, tuvo ese punto de comunión colectiva que distingue a las grandes citas: cuando empezaron a sonar los primeros acordes de ‘I Want Your Soul’, la pista entera respondió al instante. Para muchos era uno de esos temas que se esperaban casi inconscientemente, de los que remiten a otros cierres memorables y elevan el final de una fiesta.
Fue el broche para una cita que, con sus matices, cumplió con bastante de lo que prometía: reunir a dos nombres de enorme tirón en un formato pensado para el baile y, de paso, confirmar que The Lenovo Garage puede tener recorrido dentro del mapa electrónico madrileño. Primera vez de GOLFOS en Madrid; visto lo visto, cuesta pensar que vaya a ser la última.








