El festival de hard dance con sede en Valencia volvió por segundo año consecutivo. Después de un sumamente exitoso primer año, el recinto de eventos Marina Norte volvió a vestirse de naranja y negro para recibir a artistas de la talla de Kobosil, Cloudy y Cristóbal Pescer. Además, la edición de Basto 2026 vio sumar el rosa a su paleta de colores, con la adición de la marca TOTAL como invitada.

Un festival en pleno verano junto al mar, y en el que la ropa negra es protagonista, define Valencia a la perfección. El espíritu de la región donde otrora habitase la legendaria Ruta del Bakalao se mantiene fiel al espíritu de la fiesta y al de la música electrónica. Un festival construido por un club, en el corazón de una ciudad designada capital ecológica de la Unión Europea es, sin lugar a dudas, un ejemplo más del impacto a nivel cultural y comercial que la música electrónica experimenta a día de hoy.

Desde su reapertura, Spook, la sala parte de la ya mencionada ruta y marca detrás de la creación de Basto, se ha convertido en el referente absoluto de la zona, si del subgénero conocido hoy con el nombre de hard techno se habla. Además, TOTAL, marca residente de la misma sala, ha logrado posicionarse en el panorama internacional, llegando a la programación de clubes de la talla de Lokschuppen, en Berlín.

Valencia: un reto cada vez mayor para la industria cultural y de entretenimiento

Y sin embargo, ni la preparación ni la experiencia de una marca importan cuando de factores externos se trata. Y este año, los factores externos han jugado un papel protagónico, no solamente en esta edición de Basto, sino en la totalidad de los eventos de música en vivo celebrados en Valencia en meses recientes.

A causa de las restricciones de volumen aprobadas por el gobierno de la ciudad, cuyo impacto se apreció con claridad por primera vez en el Festival de Les Arts, es seguro asumir que la gran mayoría de eventos de este tipo (conciertos, festivales, etc…) verán limitada su capacidad sonora en cantidades extremadamente notorias.

Y ¿qué puede significar para un festival de música electrónica sufrir limitaciones de volumen? Absolutamente todo. Desde la alteración tanto para el diseño de la disposición del evento, el montaje de este y la afinación acústica y sonora, pasando por los requerimientos de ciertos artistas de niveles mínimos de audio para poder actuar, y sumando el hecho de que, en un evento como este, los asistentes esperan disfrutar de música electrónica a volúmenes elevados, resulta sencillo entender lo crucial que es el volumen y sus restricciones para el correcto desarollo de este tipo de eventos.

Es imposible negar que el verano presenta retos logísticos elevados. Más aún si se trata de una zona como Valencia. Y si encima termina uno sumando las cada vez más asfixiantes restricciones impuestas por el ayuntamiento de Valencia en contra de los conciertos y eventos al aire libre, uno de los principales motores culturales de la ciudad, se queda un panorama preocupante cuando menos.

Y sin embargo, cuando hablamos de Basto, de Spook, de Valencia, y de música electrónica, persiste un sentimiento: resistencia. La cultura, la música y el ocio en Valencia no son ajenos a la lucha por su derecho a existir, a habitar espacios en la sociedad y a que el resto del mundo mire sin entender. La pregunta es, ¿llegará Valencia a entender el valor de su legado cultural electrónico antes de que sea muy tarde?

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Sebastian Chong
Escucho de casi todo, pincho house y derivados e intento producir lo que sea, sin mucho éxito hasta el momento