La historia de Studio Club no empieza en 2023. Empieza mucho antes, en conversaciones largas, en obsesiones compartidas y en esa sensación que muchos amantes de la electrónica han tenido alguna vez en Málaga: aquí falta algo. No un evento puntual, no una fiesta concreta, sino un espacio con identidad propia, pensado desde la cultura club y no únicamente desde la rentabilidad inmediata.

Ese «algo» terminó tomando forma en el verano de 2023, cuando la antigua sala Palladium de Torremolinos reabrió sus puertas convertida en Studio Club. Lo que durante años había sido un símbolo de otra etapa de la noche malagueña se transformó en el laboratorio de un pequeño colectivo de apasionados por la música electrónica más selecta. No era una reapertura nostálgica, era una redefinición completa del concepto.

Desde el primer día, la intención fue clara: elevar el estándar. No competir en volumen, sino en calidad. No buscar simplemente nombres, sino construir una experiencia. Studio nació como un club pensado para el clubbing real, ese que se apoya en el sonido, en la oscuridad bien medida, en la pista como espacio central y en el respeto absoluto por el DJ y por el público.

Studio Club

En apenas dos años y medio, el crecimiento ha sido tan rápido como sólido. Studio Club ha conseguido algo que no se improvisa: prestigio. Y lo ha hecho sin perder coherencia. Por su cabina han pasado talentos emergentes que hoy son referencia en la escena internacional, como Sara Landry, Marlon Hoffstadt, Klangkuenstler, Novah, Cloudy, Marco Carola o Adrian Mills. Pero también figuras históricas que forman parte del ADN de la electrónica underground global: Jeff Mills, Richie Hawtin, Sven Väth o Adam Beyer.

Esa combinación no es casual. Habla de una programación que mira al presente sin olvidar el legado. Habla de una sala que entiende que la cultura club se construye conectando generaciones y sonidos, no repitiendo fórmulas.

Parte de su posicionamiento internacional se explica por el boca a boca dentro del propio circuito artístico. El feedback de los DJs que pasan por Studio es uno de los activos más potentes del club. Muchos destacan la energía de la pista, la cercanía del espacio y, sobre todo, el nivel técnico. Porque Studio no escatimó en lo esencial: el sonido.

El club cuenta con un sistema L-Acoustics diseñado por un brand ambassador de la marca, algo poco habitual en salas del sur de España. A esto se suma un equipo audiovisual de nueva generación que refuerza la inmersión sin restar protagonismo a la música. No se trata de un despliegue vacío, sino de una herramienta al servicio de la experiencia. El resultado es una sensación clara cuando estás dentro: todo está pensado.

La configuración en dos salas también forma parte de su identidad. Dos espacios diseñados para ofrecer experiencias sonoras distintas, pero coherentes entre sí. Una propuesta que permite ampliar la programación sin fragmentar la esencia del club. En lugar de dispersión, hay continuidad.

Sin embargo, ningún club se consolida solo por su equipo técnico o por sus line ups. El verdadero termómetro está en la pista. Y aquí es donde Studio ha construido algo todavía más valioso: comunidad. Un público fiel que acude incluso sin conocer en profundidad al artista programado. Gente que confía en el criterio de la sala. Un perfil diverso, tolerante y respetuoso, que entiende el club como espacio de libertad y conexión.

Esa energía arrolladora es la que termina de cerrar el círculo. Cuando un artista siente que la pista responde, que el sonido acompaña y que el ambiente es auténtico, la experiencia se multiplica. Y eso genera reputación. En poco tiempo, Studio dejó de ser «el nuevo club de Torremolinos» para convertirse en una referencia dentro del circuito electrónico nacional.


Lo más interesante es el impacto territorial que ha generado. Durante años, gran parte del relato electrónico español se concentró en Madrid, Barcelona o Valencia. Studio ha demostrado que Andalucía también puede albergar un club con ambición europea, capaz de atraer talento internacional sin perder identidad local. Ha colocado a Málaga en conversaciones donde antes no aparecía.

Y todo esto sin perder el origen. Porque, en esencia, Studio Club sigue siendo el resultado de un sueño colectivo. El de quienes creían que el sur merecía un espacio a la altura de su público. El de quienes apostaron por la electrónica más selecta cuando no era la opción más sencilla.

Hoy, Studio Club es más que una sala. Es un proyecto cultural que ha redefinido el clubbing en la Costa del Sol. Un lugar donde la técnica y la pasión conviven, donde la programación es ambiciosa pero coherente y donde la pista sigue siendo el centro de todo.

En una escena cada vez más marcada por la inmediatez, Studio ha construido algo más lento, más sólido y, probablemente, más duradero. Y eso, en el contexto actual, es quizá su mayor logro.

Abel Torres
It's all about the groove. Bass y House music como forma de vida.