La quinta edición del festival Electric Love nos dejó con un buen sabor de boca

Hace unos días parte del equipo de Wololo Sound nos desplazábamos a Austria para asistir a un festival que cumplía cinco años y del que ya nos habían hablado maravillas. La realidad que nos encontramos en Electric Love Festival no nos defraudó para nada y sin duda es necesario contarnos en unas breves líneas lo allí acontecido.

El festival, para ponernos en situación, se celebra el primer fin de semana de julio en Salzburgo. Jueves, viernes y sábado, en hasta cuatro stages con variados y totalmente diferentes estilos entre sí, algo que ya de por si es muy reseñable. El cartel nos permitió por otro lado descubrir a varios artistas a los que quizá no vemos tan habitualmente en España, y también, porque no decirlo, el llevarnos alguna que otra decepción. El peso del Hardstyle es muy importante en Electric Love con la ayuda inestimable de Q-Dance, pero dado el reducido número de personas desplazadas prácticamente no pudimos seguir estos stages, así como los de música underground, bastante más escasos por otro lado.
En el primer día de festival pudimos disfrutar tan sólo de las actuaciones de Yellow Claw, Marshmello y Hardwell. No es ningún secreto que son tres artistas a los que ya estamos muy habituados a ver en nuestro país, pero decir sin embargo que por ejemplo la actuación de Hardwell nos dejó con bastante buen sabor de boca, con un set cargado de energía y con muchos toques de Hardstyle (género con gran poder en el país austriaco), y que por ejemplo supo mover más al público que un Marshmello, correcto, pero que parece ligeramente estancado y con un set demasiado visto (sobretodo si eres minimamente seguidor del encapuchado).
Aunque la noche fue bastante fría, el viernes quedaba bien claro que era el primer día grande, y desde primera hora se notaba un gran ambiente en el camping del festival. En este segundo día comenzamos desde bien pronto con Alan Walker (que tras su reciente polémica con respecto a sus dotes en el estudio, tampoco consiguió atraparnos con su directo), y Kryder, que pese a tocar un estilo que se notaba no era de lo más demandado entre el público, supo como levantar al gentío en varias ocasiones. El británico tuvo además la “suerte” de actuar antes de Martin Garrix, que como todos sabemos mueve mucho hoy en día y esto se notó rápidamente en el número de asistentes del Mainstage. Martin, por cierto, que aunque su set no fue de lo mejor que veremos este verano, si que se le notó entrega y varios mashups sorprendentes y no tan habituales, lo cuál siempre es de agradecer.

“Dash Berlin realizó una de las actuaciones más entregadas y completas del festival”

Más tarde era el turno de Timmy Trumpet (curiosa bajada de nivel, ¿verdad?), artista al que presenciamos desde una segunda fila pero al que muchos asistentes esperaban, sorprendentemente con verdadero ahínco, para continuar con Tchami y su particular show de Bass House, con un set muy parecido al de A Summer Story pero que cambió un poco la tónica habitual de la tarde-noche.

Otro artista al que el público esperaba con muchas ganas era Dash Berlin, y el veterano productor no defraudó para nada. El holandés, que ya hace unos años que tornó su natural Trance en Progressive House, realizó un set muy completo e interesante, con varias vocales y mashups conocidas por todos, pero también con varios clásicos. A continuación de Dash, lamentablemente cayó un aguacero importante, lo cuál destiñó un poco las dos siguientes actuaciones (Headhunterz y Project One) y no nos permitió ver el cierre del viernes con Pendulum DJ Set.

Para el tercer y último día volvía a salir el sol (de momento) y volvíamos a decidir entrar al recinto desde primera hora. En ese momento nos llevamos una de las gratas sorpresas del fin de semana con el descubrimiento de Wild Culture, un dúo de la zona que supo leer perfectamente al todavía escaso público asistente y se “curraron” una sesión prácticamente perfecta, con multitud de estilos y con un ritmo frenético y casi inusual para esas horas del día. En este set nos percatamos de un detalle que no se suele ver mucho en España, y es que la mayoría de los asistentes iban en chanclas, a cualquier hora del día, lo cuál en mi opinión no debe de ser demasiado cómodo tras 12 horas diarias de festival…
A continuación disfrutamos de Krewella y Zedd, dos formaciones difíciles de ver últimamente en España y a las que teníamos muchas ganas… Tanto las estadounidenses, que llevan varios años claramente de “bajón”, como el ruso-alemán Zedd, cumplieron cada punto de lo que esperábamos de ellos. El siguiente artista en saltar a la palestra fue Carnage, donde lamentablemente volvió a llover (e incluso granizar). También es importante reseñar que en este momento mucha gente comenzó a correr en busca de resguardo y se vivieron varios momentos de tensión y muchas aglomeraciones que finalmente se disolvieron poco a poco pero que hicieron que el chaparrón nos pillara de lleno.

“DJ Snake volvió a decepcionarnos, como ya hizo en Dreambeach 2016”

Tras el caos llegó la calma, y aún nos quedaban tres actuaciones más para cerrar el festival. En primer lugar presenciamos a KSHMR, un artista que aunque no nos ilusionaba en exceso consiguió convencernos a base de un set bastante “diferente” a todo lo demás, con sus característicos sonidos tribales y orientales y unas visuales realmente trabajadas. Continuamos esta recta final con Armin Van Buuren, que de nuevo y al igual que en A Summer Story, nos volvió a convencer de su talento y no dudó en dar prioridad a la música Trance en su set, cosa que siempre es de agradecer y que por otro lado nunca debió dejó de hacer. Para finalizar, y al igual que ocurrió en Ultra Miami, el encargado de cerrar el Mainstage fue DJ Snake… Pasaremos ligeramente por alto su actuación ya que no es demasiado objetiva, pero sinceramente creemos que el francés ha dado un bajón cualitativo enorme de hace dos años hacía aquí y volvió a realizar un set aburrido, lineal y sin ningún alma.

Nuestras últimas líneas son para hablar sobre la organización del festival. Desde el primer momento el gabinete de prensa de Electric Love se mostró encantados de atender y acoger a nuestro medio, con un trato incluso en ocasiones preferencial comparado con otros medios de la zona. De cara al público también Electric Love se lleva el diez. La orientación y organización de ciertos puntos nos recordó enormemente a lo que solemos vivir en Tomorrowland. Varios puestos de variada comida con precios aceptables (entendiendo el contexto y el país en el que estábamos), lugares de relax y tiendas variadas con mucho merchandising (aquí los precios ya subían considerablemente, pero las colas seguían siendo de varias decenas de minutos).

Con respecto al camping oficial, donde nos alojamos, decir que también estaba bien montado, aunque hubo ciertos grupos de asistentes que no supieron respetar la convivencia (tontos hay en todos los lados). Tiendas con bastante espacio entre si, puestos de comida también en el camping y un pequeño supermercado (acostumbraros a beber sin hielo porque las bolsas costaban 10 euros…). El camping estaba muy cerca del recinto por lo que se hacía hasta viable pequeñas escapadas entre actuación y actuación, cosa inviable por ejemplo con el pase regular de Tomorrowland. También nos encontramos mucha higiene en las duchas y baños, que era limpiados varias veces al día.

En general hablamos de una muy grata experiencia en un festival en constante crecimiento, con gente muy joven detrás y con muchas ganas. La edición de 2018 ya está confirmada y nosotros no descartamos para nada volver al país tirolés. ¿Nos vemos el año que viene?

Crónica: Juan Campos e Iñigo Moraza
Fotos: Electric Love Festival

Adrian Oller
Cofundador y redactor. Melómano, leonés y obseso de las cosas bien hechas. Imposible encasillarme en un sólo género. “Si quieres llegar rápido, camina solo. Si quieres llegar lejos, camina en grupo”