Si hace unos años publicábamos un post en el que creíamos ciegamente en el crecimiento exponencial del drum & bass en España, hoy toca poner aquella idea un poco en tela de juicio. Porque, siendo sinceros, el género no vive ahora mismo sus mejores momentos. Se mantiene, sí, pero no termina de avanzar.
A nivel nacional, el crecimiento parece haberse estabilizado. Las marcas que existen siguen trabajando, continúan saliendo eventos y la oferta se mantiene más o menos constante. Pero, como casi siempre cuando hablamos de drum & bass en nuestro país, hay que mirar hacia uno de los lugares donde este sonido encontró históricamente uno de sus refugios más fuertes: Andalucía.
Y lo cierto es que en el sur el drum & bass ha perdido bastante presencia respecto a otros momentos. Probablemente la situación sería mucho peor si no fuera por las pequeñas marcas de las que queremos hablar hoy. Porque, sinceramente, sin ellas habría muy poca escena.
Es cierto que Industrial Copera continúa reservando espacio de manera habitual al género y que Dub Elements & Friends sigue siendo uno de los grandes escaparates del drum & bass andaluz. A ese núcleo hay que sumar también el trabajo de Gutting Audio, que desde Sevilla ha conseguido llevar su visión del neurofunk y los sonidos más duros mucho más allá de nuestras fronteras. Y después están Raveart, Dreambeach o Circus Nation, que continúan apostando por el género en escenarios de mayor dimensión, aunque hablamos de citas bastante más espaciadas en el calendario.
Y precisamente por eso creemos que hay que mirar un poco más abajo.
A esas marcas que nacen sin demasiados recursos, encuentran poco a poco su público y siguen organizando fiestas aunque sepan que probablemente nunca van a meter miles de personas. A quienes siguen apostando por el sonido porque les gusta, no porque sea el género de moda en ese momento.
Nuestro amigo OTO ya nos lo decía en aquel artículo que publicamos hace años: había que cuidar el underground para que, cuando las tendencias pasajeras desaparecieran, esto siguiera vivo.
Qué razón tenía.
Porque si hoy quitamos ese underground de la ecuación, en Andalucía nos quedaría bastante poco.

Desde Wololo Sound creemos que aquella premisa se ha cumplido. La base underground del drum & bass andaluz sigue siendo bastante sólida. Solo hay que mirar alrededor para comprobar cómo continúan apareciendo proyectos nuevos al mismo tiempo que otros llevan años resistiendo, organizando fiestas y manteniendo una comunidad que quizá no sea enorme, pero sí muy fiel.
Y es que, al final, el drum & bass en España casi siempre fue underground. Ha vivido momentos de mucha más exposición, por supuesto, pero cuando las modas pasan son esas pequeñas salas, colectivos y promotores los que siguen ahí.
Solo tenemos que mirar lo que está ocurriendo estas semanas.
En Córdoba aparece South Yard, de la mano de una auténtica leyenda como Kursiva, con una cita este 17 de octubre en Sala M100. En Sevilla, Wiguez está detrás de DOGMA, que vuelve este viernes 16 en Sala Supra. Granada suma también DeRally Club, una nueva propuesta vinculada a Sala Tren.
Y no son los únicos.
En Málaga y su entorno, Cohesion DnB lleva tiempo construyendo su propia comunidad y trayendo propuestas nacionales e internacionales a formatos mucho más pequeños. En Sevilla encontramos también a Las Diñas, un colectivo que, aunque no vive exclusivamente del drum & bass, está haciendo mucho por la cultura bass de la ciudad, además de proyectos como Serious DNB, trabajando todavía más desde abajo o el underground del underground como Elektroshawarma, entre otras.
Granada sigue siendo otro de los puntos donde más movimiento existe. Ahí aparece Bass Club Radio, pero también nombres que llevan años sosteniendo la escena como GRX Invites, Zero2 Soul o Substation. Diferentes generaciones compartiendo una misma ciudad donde el drum & bass, con más o menos foco, nunca ha terminado de desaparecer.
También continúa la apuesta de clubes y salas como Cosmos con DNB A+, Sala Even, M100 en Córdoba o Sala Zero en Algeciras. En Jaén, ATMOS sigue haciendo de las suyas otra temporada más; aparecen proyectos como Pulso, AndeBass en Almería, impulsado por Indalow Sounds, y un sinfín de pequeñas fiestas, colectivos, promotoras e incluso raves que mantienen todo esto en movimiento.
Y seguramente nos estemos dejando alguna. De hecho, casi seguro.

Porque esa es también parte de la gracia del underground. Muchas veces hay una fiesta ocurriendo a cien kilómetros de ti de la que apenas te enteras porque alguien comparte un flyer, sube una historia a Instagram o te lo manda directamente por WhatsApp.
Por eso quizá ahora mismo no podamos hablar de un boom del drum & bass en Andalucía. Ni siquiera de crecimiento.
Pero sí podemos hablar de resistencia.
De una escena que ha perdido algunos de los grandes focos que tuvo en otros momentos, pero donde todavía hay gente dispuesta a montar una fiesta para 200 personas, traer a un artista de fuera, mover un soundsystem o empezar una marca desde cero simplemente porque ama esta música.
Y viendo cómo están las cosas, son precisamente ellos quienes están manteniendo vivo el drum & bass en Andalucía.






