La cita madrileña de ZAMNA convirtió Cantoblanco en uno de los puntos calientes de la electrónica durante el fin de semana, con una activación concebida como una extensión del propio universo visual y creativo del evento
Colaboración Pagada // Madrid sumó este fin de semana una nueva parada al mapa internacional de ZAMNA, una marca que lleva años demostrando que su propuesta va bastante más allá de reunir un buen cartel de DJs.
Nacido en Tulum y construido alrededor de una combinación muy reconocible de música electrónica, naturaleza y producción audiovisual, el concepto ha terminado viajando por distintas partes del mundo hasta convertirse en una de las plataformas internacionales más reconocibles de la escena. Esta vez tocaba Madrid.
La Ciudad Universitaria de Cantoblanco (UAM) acogió la nueva edición los días 11 y 12 de septiembre, y entre toda la producción desplegada durante el evento apareció también la House of IQOS*, un espacio pensado para integrarse dentro de esa estética y esa manera de entender la experiencia festivalera.

Una extensión del universo ZAMNA
Uno de los grandes aciertos de la activación estuvo precisamente en no plantearse como un elemento completamente independiente del festival. Visualmente, la House of IQOS recogía algunos de los códigos estéticos que asociamos rápidamente con ZAMNA: vegetación, estructuras orgánicas, iluminación y un diseño pensado para generar una pequeña burbuja dentro del propio recinto.
El objetivo de la experiencia partía precisamente de esa idea: trasladar la energía de ZAMNA a un espacio donde música, luz, creatividad y participación convivieran de forma natural.
Y dentro había varias formas de interactuar con esa propuesta. No se trataba simplemente de entrar, cotillear y salir. El espacio estaba dividido en distintas experiencias que permitían jugar con visuales, crear contenido personalizado o llevarse pequeños recuerdos físicos del evento.
Algo que encaja bastante bien con la manera en la que han evolucionado los festivales durante los últimos años. Porque sí, seguimos yendo principalmente por la música, pero cada vez importa más todo lo que ocurre alrededor.

Por unos minutos, al otro lado de las visuales
Una de las experiencias más interesantes fue la VJ Experience, bautizada como Curious Beats Studio. Normalmente, cuando asistimos a un festival, las visuales forman parte de un espectáculo que simplemente observamos desde abajo. Aquí la idea era darle la vuelta a esa relación.
Los asistentes podían responder a una serie de preguntas que determinaban una dirección visual y después tomar el control de una pequeña mesa de VJ para modificar movimiento, intensidad y diferentes capas proyectadas sobre dos arcos LED.
En otras palabras: durante unos minutos dejabas de mirar el show para participar en él. La dinámica estaba diseñada para que música, iluminación y movimiento reaccionaran entre sí y terminaba generando una pieza visual propia, muy en línea con esa importancia que ha adquirido el componente audiovisual dentro de la electrónica actual.
Y teniendo en cuenta que vivimos en una época donde un buen set también se recuerda por cómo se veía, tenía bastante sentido trasladar parte de ese lenguaje directamente al público.
Convertirse en headliner por un rato
Otra de las activaciones jugaba precisamente con el imaginario visual que rodea permanentemente a la música electrónica. En el espacio de fotografía personalizada, los asistentes podían realizarse una foto y responder posteriormente a unas preguntas que configuraban una identidad gráfica propia.
El resultado era una portada inspirada en la estética del festival, con el propio participante convertido en protagonista y con posibilidad de imprimirla directamente allí. Una idea sencilla, pero efectiva.
Estamos acostumbrados a guardar cientos de vídeos y fotografías de cada festival en el móvil, la mayoría de los cuales probablemente no volvamos a mirar. Aquí la gracia estaba precisamente en generar algo mucho más reconocible y físico. Un pequeño recuerdo del fin de semana que, por una vez, no terminaba perdido en el carrete.

Detalles que también forman parte del recuerdo
La experiencia se completaba con otras activaciones de menor tamaño, pero bastante fáciles de integrar dentro del ritmo normal del evento. Había tatuajes temporales para las manos, una colección especial de merchandising IQOS x ZAMNA y diferentes pequeñas dinámicas repartidas por el espacio.
Precisamente esa escala más pequeña funcionaba bien. No todo necesita convertirse en una gran instalación para tener sentido dentro de un festival. Muchas veces basta con encontrarte algo diferente mientras cambias de escenario, detenerte unos minutos y continuar después con tu noche.
La House of IQOS estaba pensada precisamente como eso: un espacio al que entrar y salir según el momento, sin necesidad de romper por completo con la dinámica musical del evento.
La experiencia electrónica ya no termina en la cabina
Lo interesante de este tipo de colaboraciones está en comprobar hasta qué punto ha cambiado nuestra manera de vivir los festivales. Hace años, gran parte de la conversación giraba alrededor de una pregunta bastante sencilla: quién pinchaba. Hoy sigue siendo fundamental, por supuesto, pero ya no basta.
Importan el diseño del recinto, la iluminación, los espacios de descanso, las instalaciones, la identidad visual y todas esas pequeñas experiencias que aparecen entre un set y el siguiente.
Y la House of IQOS encontró su lugar precisamente dentro de ese universo: no como un elemento aislado de la música, sino como otro punto del recorrido donde parar, jugar con las visuales, crear algo propio o simplemente observar el festival desde otro ángulo.
* IQOS no está exento de riesgo y con su uso se inhala nicotina, que es adictiva. Dirigido únicamente a adultos.






