ANTIPOP, la edición especial del festival portugués NEOPOP, reúne a 32.000 personas en un fin de semana memorable que, por un lado, ha reforzado el vínculo del festival con la ciudad de Viana do Castelo, y por otro, ha contado con la presencia de algunos de los mejores artistas de la música electrónica

Hay festivales que necesitan un gran despliegue y levantar toda una ciudad efímera para convencerte de que estás viviendo algo extraordinario, y luego está NEOPOP. Situado en Viana do Castelo, un pequeño y pintoresco pueblo a orillas del Atlántico y a apenas una hora de Oporto y Vigo, estos días hemos podido comprobar de primera mano por qué el festival portugués lleva dos décadas siendo referente en la Península. Y hemos reconfirmado una idea que a veces muchos promotores pasan por alto; y es que, en esto de hacer las cosas bien, a veces menos es más. Sin grandes artificios, sin necesidad de disfrazar o exagerar su propuesta pero con una atención al detalle que se percibe en cada rincón, NEOPOP ha vuelto a recordarnos por qué los festivales que se hacen con mimo siempre terminan siendo los mejores.

Pese a su cercanía y a que a todo al que le preguntes sobre NEOPOP habla las mil maravillas, lo cierto es que hasta este año no habíamos tenido ocasión de conocer el festival portugués, pero nuestras expectativas no podían ser más altas. Una edición especial de aniversario, la experiencia de quien lleva 20 años de trayectoria a las espaldas y un cartel de dimensiones bárbaras eran tres ingredientes que difícilmente podían decepcionar. Y qué deciros, NEOPOP no solo cumplió, si no que se superó.

Volvemos a casa con el recuerdo de haber vivido tres días de muy buena música, pero sobre todo con la sensación, que por desgracia cada vez es menos habitual, de estar en un festival cuidado, cómodo, coherente y pensado para su público (sí, esos que están allí bailando y que han pagado una entrada y que son los que más deberían importar) y en el que, si bien es aparentemente sencillo, todo funciona y parece estar en su sitio. Quizá lo mejor de NEOPOP ha sido precisamente esto, que es un festival que te lleva por un momento a otros tiempos. A una época en la que el público acudía a los festivales por la música, los outfits no importaban tanto, la pista era el centro de todo y no nos hacía falta un bombardeo constante de estímulos para tener una experiencia memorable. Esta vibra es algo que notas rápidamente entre sus asistentes, porque NEOPOP tiene un público maduro, respetuoso y muy entregado.

Una de las grandes declaraciones de intenciones de esta vigésima edición ha sido la recuperación de ANTIPOP, nombre con el que el festival dio sus primeros pasos y que ha regresado, de forma temporal y excepcional en esta ocasión, como una reivindicación de sus propias raíces. Un regreso que no ha quedado únicamente en lo simbólico y que también ha quedado plasmado en la configuración del propio recinto, volviendo a situar el escenario principal frente al mar.

Porque otro punto que juega muy a favor de NEOPOP es, precisamente su ubicación. El recinto se extiende a orillas del puerto, en el entorno del Forte de Santiago da Barra, una fortificación erigida en la bocana de la desembocadura del río Lima que data del siglo XIII. Lejos de intentar ocultarlo con una sucesión de estructuras y decorados, el festival lo integra perfectamente en su propia escenografía.

La muralla, delimitada por el faro y las almenas, y muy inteligentemente utilizada como extensión de las pantallas, enmarca el escenario principal. Su icónica estatua femenina que preside el espacio sirve como soporte para proyecciones, información y horarios (y sí, también termina siendo uno de esos puntos de encuentro fáciles de reconocer para quedar con tus amigos). Los contenedores se utilizan para delimitar y construir espacios (como en el caso del Anti Stage;) y el puerto con sus barcos, grúas y el mar como telón de fondo dejan una postal que no puede competir con la de un recinto construido en una nave o un descampado desde cero.

Junto con todos estos elementos, en el recinto encontramos tres escenarios con una infraestructura quizá más sobria de lo que estamos acostumbrados a encontrar en muchos festivales pero con una producción audiovisual de lo más cuidada a cargo de DubLab. Hasta la prácticamente ausencia de zona de backstage convencional sobre los escenarios refleja esta filosofía de reinvidicar lo sencillo y enfocada en la música y el baile. Y es que en NEOPOP no hay espacio para la paraferalia de las zonas VIP o los reservados porque lo más importante es la pista. Tanto, que si hay algo que es de matrícula de honor en este festival, es su sonido. Espectacular, potente y limpio en todos los espacios. Simplemente, chapeau!

Otra de las novedades de esta edición ha sido la incorporación de un tercer escenario dedicado a artistas nacionales y locales, una apuesta que nos parece totalmente acertada y necesaria para poner en valor la escena. Sí creemos, eso sí, que su ubicación pudo jugar algo en su contra. Situado en la zona más alejada del recinto y fuera de las principales corrientes de paso, era fácil que parte del público no llegase hasta allí. En nuestra opinión, para un escenario concebido precisamente como escaparate de propuestas locales, probablemente habría sido más efectivo situarlo una zona de tránsito que invitase a quedarse y a descubrir artistas por casualidad. Quitando esto, y algunas colas de más para acceder al recinto en momentos punta, podemos decir que el resto de servicios funcionaron a la perfección, con un número altamente sorprendente de barras y baños.

Aunque para nosotros el festival comenzó oficialmente el jueves, NEOPOP ya había empezado a calentar motores el día anterior. Las NEOPOP Original Sessions llevaron la electrónica hasta el Teatro Sá de Miranda, uno de los espacios históricos más importantes de la ciudad, para una jornada inaugural que reunió a James Holden & Wacław Zimpel, Mathew Jonson y Peter Mør b2b Sepypes. Una forma diferente de abrir boca y, sobre todo, de demostrar desde el primer momento que esta edición ha supuesto una transición hacia un festival cada vez más centrado en una experiencia que celebra la comunidad y que se integra con la propia ciudad de Viana do Castelo.

Antes de dar comienzo a la jornada del jueves, todavía quedaba otra parada importante para quienes habían elegido vivir el festival desde el camping. Allí tuvo lugar un set especial de house de la mano de Héctor Oaks, pensado como uno de esos primeros encuentros colectivos que sirven para calentar los ánimos antes de que arranque la programación principal. Y lo mismo ocurrió durante la tarde del sábado, esta vez con el dúo FJAAK.

Aprovechamos esto para mencionar que, aunque nosotros no vivimos personalmente la experiencia del Neocamping, fueron muchas las personas con las que hablamos durante el festival que coincidían en una cosa: estaban encantados con ella. Un detalle importante a tener en cuenta es que, a diferencia de lo que ocurre en otros festivales, el camping no está situado justo al lado del recinto, pero este aspecto queda bastante bien resuelto gracias al servicio de shuttles que conecta ambas zonas.

El jueves fue el día que, desde una perspectiva egoísta, más disfrutamos de la experiencia; ya que la diferencia de afluencia respecto a lo que posteriormente encontraríamos el viernes y el sábado fue más que evidente y se tradujo en algo que agradeceríamos después: espacio. Mucho espacio. Moverse entre escenarios era cómodo y las pistas no estaban saturadas, especialmente la de la carpa de Anti Stage, la cual pudimos disfrutar en todo su esplendor. Hemos de decir que en las jornadas posteriores hubo algunos momentos que sacrificamos lo musical y directamente descartamos entrar por parecernos algo agobiante.

Pero el jueves allí vivimos los momentos más disfrutones de la jornada. Más allá de los nombres evidentes del cartel, el espacio nos permitió descubrir propuestas diferentes y lives que terminaron siendo algunas de las grandes sorpresas del festival en general. Marta fue una de ellas, al igual que el live de Mathew Jonson y la actuación de Supermayer, tres propuestas que demostraron la capacidad del escenario para alejarse por momentos de la fórmula más previsible de una pista de techno. Pero sobre todo nos quedamos con el B2B de Adiel y Quest, que pudimos disfrutar en primera fila y si parar de bailar.

En el Neo Stage, mientras tanto, la experiencia fue algo más irregular. Algunas actuaciones, como las de DJ Gigola o Nina Kraviz, nos dejaron algo más fríos de lo esperado. No podemos decir que fueran malas actuaciones, pero sí que estuvieron lejos de convertirse en nuestros momentos favoritos de la jornada. Más previsible, aunque difícilmente discutible, fue el B2B entre Ben Klock y Rødhåd. Dos nombres que, juntos, hacen difícil que algo salga realmente mal y que ofrecieron un set sólido, bien ejecutado y correcto, aunque con la sensación de que ambos artistas habrían brillado más por separado.

Tras el B2B entre Patrick Mason y BIIA, el cierre allí quedó en manos de Héctor Oaks y Partiboi69, una pareja que sobre el papel prometía ser una despedida de alto voltaje, pero que, sin embargo, nos hizo sentir lo mismo que en Sónar 2024: que no terminamos de conectar con el formato. En nuestro caso, y siendo completamente sinceros, nos habría apetecido mucho más disfrutar de un cierre de Héctor en solitario y ver hasta dónde podía llevar la pista con su propia narrativa.

No obstante, no nos hicieron falta grandes titulares para irnos satisfechos a casa. Fue el día perfecto para tener nuestro primer contacto con NEOPOP, ubicarnos y descubrir todos sus rincones, reencontrarnos con amigos, poner cara a otros nuevos rostros y, por supuesto, empezar a calentar motores. Y vaya si los calentamos.

El viernes empezó con un momento que sobresale en esta edición y que, probablemente, recordaremos toda la vida: el set de Richie Hawtin en la Praça da República durante la tarde. Y no tanto por el nombre que estaba detrás de la cabina —que también— sino por todo lo que ocurrió alrededor. Ver aquel lugar lleno de gente entregada a la música electrónica, con asistentes del festival mezclándose con los vecinos de Viana do Castelo y personas de todas las edades que se habían acercado simplemente a disfrutar de la propuesta, fue una de esas imágenes que te ponen los pelos de punta.

Vimos miles de rostros de felicidad, curiosidad y auténtico disfrute y fuimos testigos de una de las grandes virtudes de este tipo de iniciativas. Sacar la electrónica de sus espacios habituales y llevarla a la calle, la acerca a personas que quizá nunca lo habrían hecho de otra manera. Gente que, probablemente, jamás se plantearía ir a un club encontró en esa plaza un espacio cercano, abierto y accesible para acercarse a ella sin prejuicios. Todo un acierto de NEOPOP y un triunfo para todos los que formamos esta escena.

Después de una cena compartida con otros compañeros de prensa y parte del equipo de comunicación del festival, tocaba volver al recinto. Un pequeño detalle que quizá no sea relevante para quien compra una entrada y vive el festival desde el otro lado, pero que nunca está de más remarcar y que quienes nos dedicamos a cubrir este tipo de eventos valoramos enormemente es que el cuidado hacia prensa, medios y profesionales también forma parte de la experiencia. En este caso, el trato recibido durante todo el festival fue impecable, haciéndonos sentir que de alguna forma también formábamos parte de la familia NEOPOP.

Lo dicho, con el estómago lleno y después de compartir mesa y conversación con varios compañeros, llegábamos al recinto para afrontar el que, sobre el papel, era nuestro día más esperado. Y lo cierto es que el viernes terminó siendo, efectivamente, nuestra jornada favorita si nos quedamos con lo estrictamente musical. Empezamos nuestra andadura en Anti Stage, donde disfrutamos durante un rato de un elegante B2B entre DJ Nobu y DJ Yazi, para después darle una oportunidad al de Alarico y Yanamaste. El hype que acompaña a estos dos artistas es más que evidente, tanto que debemos decir que la carpa se les quedó muy corta y a muchos no nos permitió que la experiencia fuera disfrutable. Decidimos, pues, cambiar de planes y, desde ese momento, nos atrapamos por completo en Neo Stage, el escenario principal. Una decisión de la que no nos arrepentimos en absoluto por todo lo que vino después.

Volvimos a reencontrarnos con Richie Hawtin, esta vez bajo la penumbra y acompañado por las tenues luces de su show DEX EFX XOX; una propuesta audiovisual que ya hemos disfrutado en otras ocasiones y que, aun conociendo el formato, volvió a dejar en evidencia que Hawtin no necesita reinventarse en cada aparición para seguir pareciéndonos un artista fascinante. Y allí vivimos también otro de los momentos que más ganas teníamos de vivir: el B2B entre Ben Sims Chris Liebing. Tenemos que reconocer que aquí tenemos cierta predilección por el británico, pero es que, sinceramente, todavía no hemos encontrado un contexto en el que este hombre falle. En solitario o acompañado, Ben siempre encuentra la manera de hacer una sesión impecable; y en este encuentro con Chris Liebing volvió a ocurrir. Ambos mostraron compenetración a los platos, buena lectura de la pista y técnica e hicieron lo que mejor saben hacer. Y cuando todo funciona así de bien, poco más se puede pedir.

También teníamos mucha curiosidad por el B2B entre Joseph Capriati y Luke Slater, una de esas combinaciones que sobre el papel pueden parecer una especie de sueño febril pero que funcionó a la perfección. Slater hizo lo que esperábamos de él, mientras que Capriati demostró una vez más que es un artista versátil y capaz de moverse con soltura por el terreno que se le ponga por delante. Con gestos de complicidad entre ambos y una selección de tracks magnífica, el resultado fue un B2B de lo más natural y para nada forzado. Su cierre a ritmo de ‘La Rock 01’ de Vitalic nos dejó uno de los highlights del festival y un muy buen sabor de boca.

Pero si hubo un momento que directamente podemos calificar de excelso, ese llegó cuando el sol ya empezó a pegar fuerte sobre nuestras cabezas y de la mano de Daria Kolosova. La ucraniana llegó fresca, sonriente, con ganas de bailar y una energía desbordante que hizo que, a pesar de ser casi las 8 de la mañana, irnos a la cama no fuese una opción. Porque Daria tiene algo que no se puede aprender: carisma. Su sesión fue una auténtica inyección de adrenalina, muy hardgroovera y acelerada, cargada de bombos y percusiones y llena de guiños reconocibles, tirando de clásicos como ‘Street Carnival’, ‘Baianá’, o ‘Voodoo People’. En definitiva, todo lo que un set en un slot y un contexto como ese debería ser, ¡un 10!.

Como decíamos, la progresión del público se fue notando jornada a jornada y el sábado fue, con mucha diferencia, el día más lleno de la edición. Por otra parte, también nosotros empezábamos a notar el desgaste tras varios días de festival, jornadas larguísimas, calor, pocas horas de sueño y, para qué mentir, con una edad que ya no perdona según qué excesos. Esto, sumado al hecho de que el sábado NEOPOP cierra nada más y nada menos que a las 12 del mediodía y que buena parte de los grandes nombres del cartel aparecían precisamente en las horas más avanzadas, nos llevó a tomar la decisión de descansar y entrar bien entrada la madrugada. Algo que puede parecer extraño pero que acabó siendo de lo más sensato.

Dentro de lo más destacable del sábado (y del festival en general), nos quedamos con el live combinado entre FJAAK y KINK. Los tres actuaron prácticamente enfrentados, con una puesta en escena que jugaba con la disposición de ambos y unas visuales especialmente cuidadas, llenas de colores y cambios de iluminación que acompañaron el desarrollo musical. Pero lo mejor estaba entre ellos, desprendiendo el buen rollo y las ganas de pasarlo bien que tanto les caracterizan. Fue una sesión tremendamente divertida y, sobre todo, nada plana. Hubo constantes subidas y bajadas, cambios de intensidad y momentos en los que parecía que ambos estaban jugando entre ellos (y con nosotros). Una de esas sesiones en las que mirar lo que sucede en cabina resulta casi más entretenido que mirar a la pista.

También hubo tiempo para volver a pisar el Anti Stage, aunque ese día esto resultó ser un pequeño desafío logístico. Conseguir sitio no era sencillo, pero pudimos disfrutar de algunos momentos durante los sets de Chlär o Dax J desde las primeras filas, ambos implacables y desplegando un buen arsenal de bombos de los que te revientan el pecho.

Y por supuesto, teníamos que tachar otro nombre de nuestra lista: Jeff Mills. Con el amanecer ya instalado y el cuerpo pidiendo tregua, su presencia a las 7 de la mañana fue una de esas citas que te obligan a hacer un último esfuerzo. Y es que una de las dificultades importantes de esta última jornada fue el calor. Este es probablemente uno de los aspectos sobre los que más margen de mejora tiene el festival: faltan zonas de sombra, especialmente teniendo en cuenta que la programación se extiende hasta bien entrada la mañana. Lo que puede ser una ventaja cuando cae la noche se convierte en un factor bastante más exigente cuando llega la mañana y el público lleva horas acumuladas de festival. Aun así, no fuimos pocos los que aguantamos hasta la última llamada, `Le Grand Finale’ a manos de Laurent Garnier en el Neo Stage. Pese al cansancio y pese al calor la respuesta del público fue espectacular y el maestro respondió con un cierre de corte más melódico y bastante emotivo. Una despedida perfecta para un 20 aniversario perfecto.

Nos marchamos de Viana con una de esas resacas emocionales de las que cuesta recuperarse y con la idea clara de que NEOPOP bien merece un viaje al otro lado de nuestras fronteras. Sin lugar a dudas se trata de un festival que debería estar en el radar de cualquier amante del techno y que, si vives en España, es imperdonable no conocer. Si es tú caso, ve marcando en rojo en tu agenda los días 5, 6 y 7 de agosto de 2027. Con las fechas de la próxima edición ya confirmadas, la marca reafirma que aun siendo fiel a su identidad, aun queda NEOPOP para rato.

De este aniversario nos llevamos pocos fallos, muchísimos aciertos y la agradable sensación de haber pasado unos días en un lugar donde las cosas se hacen con criterio y con mimo. 20 años después de su primera edición, nuestros vecinos han vuelto a demostrar que no hace falta más para hacer mucho. Y que, en ocasiones, la sencillez es el mayor de los lujos. Y que al fin y al cabo, la música debe ser el centro de todo.

Muito obrigado, NEOPOP ¡A por otros 20 más!

Cris Pascual
Escucho música desde que tengo uso de razón y me lo bailo (casi) todo. En ocasiones veo BPMs.