Dominator volvió a reunir en Eersel todas las ramas del hardcore con una edición marcada por los hostings, los sets especiales y una producción al nivel de los grandes festivales holandeses. Pero, por encima de todo, volvió a recordarnos que pocas experiencias se comparan con bailar esta música rodeado de quienes la entienden como una cultura y una forma de vida


Amamos Dominator, es así. Dos días dedicados enteramente al hardcore, con prácticamente todos sus subgéneros representados, una producción al más alto nivel y una atmósfera difícil de reproducir fuera de Holanda. Puedes venir por el cartel, por los escenarios o por los endshows, pero terminas volviendo por algo bastante más difícil de explicar, esa sensación de sumergirte por completo en una música y una cultura que ha conquistado a un país entero.

Y es que este año, además, fue quizá la edición con mejor música. Early, millennium, uptempo, frenchcore, terror, industrial y hasta newstyle español repartidos por un recinto que funciona como una especie de parque de atracciones del hardcore. Si a eso le sumamos los hostings, algunos sets prácticamente irrepetibles y un público que vive cada sesión con una intensidad distinta, tenemos uno de los mejores Dominator que recordamos.


Holanda es hardcore

Es difícil pensar en otro lugar donde un género de música electrónica esté tan integrado en la cultura popular. Las dimensiones de la escena holandesa pueden resultar inimaginables para quien la observa desde fuera, y Dominator permite entenderlo como pocos festivales.

Jóvenes que acaban de entrar en el hardcore conviven con gabbers de más de cuarenta años que llevan décadas asistiendo a estas fiestas. Australians, merchandising allá donde mires, tatuajes, hakken, códigos compartidos y generaciones enteras unidas por una misma música. Un submundo gigantesco al que asomarse ya es fascinante y al que, con un poco de suerte, puedes llegar a sentir que perteneces.


El baile, el bendito baile

Bailar rodeado de dutchies es una gozada. Hay una sinergia distinta a la de las pistas de otros países, quizá porque la energía está casi completamente concentrada en la música. Menos conversaciones, menos distracciones y muchísima gente moviéndose como si el cuerpo entendiera los bombos antes que la cabeza.

Y cuando te rodeas de personas que bailan así, resulta mucho más sencillo perder la individualidad. Desconectar de la realidad, entrar en el ritmo y conectar con algo mayor que tú. Una especie de disociación grupal en la que las vibraciones son puras, físicas y, por momentos, catárticas.

Seguramente sea una de las cosas más difíciles de trasladar en una crónica. Puedes explicar el sonido, los escenarios o el cartel, pero no del todo esa libertad que se siente cuando la pista entera está entregada al mismo bombo. Hay que vivirlo.

Fotografie door Hare&Dare

La música siempre es mejor en Holanda

Puede que este haya sido el Dominator con mejor música de todos los que hemos vivido. No solo por la cantidad de géneros disponibles, sino por la calidad de los sets y por la libertad con la que los artistas parecían afrontar sus sesiones.

En Holanda los DJs juegan en casa. Se arriesgan más con el tracklist, preparan mejor los conceptos especiales y parecen entender que el público conoce el material y espera algo más que una sucesión de temas populares. Y este año había verdaderas barbaridades repartidas entre los hostings.

En The Institution by Masterminds, el bloque de Enzyme Records reunió a Endymion, Nosferatu, Ophidian y Ruffneck. Cuatro nombres fundamentales para entender el hardcore oscuro y técnico de los 2000, pero también el sello con algunos de los temas más reconocibles de la historia del millennium Simplemente historia ante nuestro ojos


Muy cerca estuvo también el homenaje a Hardcore Italia, con Art of Fighters, Mad Dog, Tommyknocker y Unexist. Una hora de hardcore italiano crudo, contundente y con sabor a millennium que todavía nos tiene atrapados. El concepto de Masterminds volvió a demostrar por qué es una de las mejores ideas de Art of Dance. Reunir por equipos a los artistas y sellos que construyeron una época, permitiendo escuchar su historia de una manera prácticamente imposible en un set convencional. Masterminds no fue el stage más grande ni el más ruidoso, pero musicalmente fue una de las grandes joyas de todo el fin de semana.

Multigroove, Ghosttown y el regreso a las raíces

El viernes pasamos mucho tiempo en The Highway by Multigroove, y cómo no hacerlo. El hosting respiraba historia del hardcore en cada rincón y aquí tuvimos algunos de los sets que más ganas teníamos de ver. El Gabber Set de Drokz rebosó calidad y también Promo vs. Ruffneck, con un set rápido, dinámico, bien concebido y con un público entregadísimo. Y el cierre, con Unexist, perfecto

El sábado, The Firestation by Ghosttown continuó estr viaje. Allí encontramos un DJ Isaac vs. The Viper especialmente interesante, porque no todos los días vemos a Isaac regresar a la vertiente hardcore que sí formó parte de sus primeros años. También el curioso cruce entre Lenny Dee y The Darkraver, uniendo el sonido industrial y agresivo del estadounidense con el carácter más desenfadado y freestyle del holandés.


The Gatekeeper y los grandes formatos

El Mainstage también abrió sus puertas con uno de los conceptos especiales del festival. Tras el estreno de The Gatekeeper con Angerfist el año pasado, esta vez fue Paul Elstak quien recibió la llave para abrir las puertas de Dominator. Durante tres horas tomó el escenario acompañado por Neophyte, Panic y Partyraiser, recorriendo diferentes momentos de la historia del hardcore holandés.

Otro set de Mainstage, pero este del viernes fue el Angerfist Classics en el hosting de Masters of Hardcore, una oportunidad siempre bienvenida para escuchar la cara más histórica de un artista legendario. Un mainstage muy equilibrado el que montó la Masters, con todos los géneros presentes y un endshow que nos dejó sin palabras.


El guiño a España: Masía hace historia

Si hace treinta años alguien hubiera dicho a los fundadores de Masía que algún día tendrían un escenario propio en uno de los mayores festivales hardcore de Holanda, probablemente se habrían reído. Pero sucedió.

La casa del newstyle tuvo su propio hosting durante todo el viernes en The Hangar by Masia, llevando uno de los sonidos más reconocibles de la cultura hard española a tierras holandesas. Un hito para la marca, pero también para un género que durante años ha construido una comunidad especialmente fiel en nuestro país.

Allí estuvieron los chavales dando saltos durante toda la jornada, con ese baile y esa manera tan nuestra de entender el hard y que todavía sorprende a parte del público holandés. Wakan y su especial This Is Spanish Newstyle resumieron bien el espíritu del escenario. Enseñar el sonido sin complejos, respetando su historia y celebrando todo lo que lo hace diferente. Y es que digan lo que digan, hay pocos sonidos que representen mejor la Marca España dentro del hard. Y verlo con un escenario entero en Dominator fue una verdadera alegría.


Una producción que te hace volver

Los estándares de producción en Holanda ya son altos, pero Dominator vuelve a jugar en una liga prácticamente propia dentro del hardcore. Cada escenario tenía una identidad reconocible, no solo en la música, sino también en su diseño y ambientación.

No era lo mismo entrar en el universo histórico de Multigroove que acercarse al caos del uptempo, al imaginario de Ghosttown o a la oscuridad de los escenarios industriales. El recinto conseguía que cada área funcionara como un pequeño mundo, con estructuras, visuales y dinámicas adaptadas a su sonido.

El sonido fue prácticamente inmejorable durante todo el fin de semana. Potente, limpio y bien repartido incluso en áreas abiertas, algo que no siempre resulta sencillo en festivales con tantos escenarios funcionando al mismo tiempo.

Y luego están los endshows. Fuego, láseres, visuales, pirotecnia y, algo igual de importante, una selección musical a la altura. Dominator entiende que el cierre no puede depender únicamente de hacer explotar cosas: tiene que contar algo, juntar al público y dejar esa última imagen que permanece en la cabeza durante todo el viaje de vuelta.


La duración perfecta y un camping disfrutable

Otro de los grandes aciertos de Dominator es su duración. Dos días son suficientes para sumergirte por completo en el festival, explorar los escenarios, descansar, organizar rutas y vivir el camping, pero sin llegar al domingo sintiendo que has perdido diez años de vida.

El viernes ya no funciona como una simple previa. Tiene identidad y peso propios, con hostings tan importantes como Masters of Hardcore, Multigroove, BKJN o Masía. El sábado abre el recinto completo, incluido el Mainstage, y despliega toda la dimensión del festival con Snakepit, Masterminds, Ghosttown y el resto de áreas.

Y después está el camping. Hay que madrugar si quieres conseguir uno de los preciados espacios junto al lago, pero despertarte a la orilla del agua, viendo al otro lado los escenarios en los que vas a pasar el día, es una sensación bastante difícil de superar.

El E3 Strand tiene además el tamaño perfecto. Es amplio, tiene el lago y las zonas verdes, pero no obliga a caminar veinte minutos para cambiar de escenario. Puedes moverte con facilidad, improvisar y modificar tus horarios sobre la marcha sin sentir que pierdes medio festival en los desplazamientos.


La peregrinación del verano

Dominator volvió a recordarnos por qué es nuestro festival de hardcore favorito. Por la música, por la producción, por el entorno y por esos sets que solo podemos ver en este bendito país. Pero, sobre todo, por la oportunidad de vivir de primera mano lo que significa el hardcore en Holanda. Una cultura que supera nuestra concepción habitual de una escena musical y que posee una capacidad de unir generaciones y personas que pocos otros géneros tienen.

Si te gusta este sonido, esta debería ser tu peregrinación veraniega. Aunque sea una vez. Aunque los vuelos estén caros. Aunque termines con las piernas destrozadas. Bailar tan libre como se baila en Dominator vale todo el oro del mundo.


Jesus Agui
Aqui hablando de Hardcore. Sobre todo Early y Millennium, pero toda la música electrónica es bella. Vivo en Amsterdam, la mejor ciudad del mundo. Echo de menos el cocido madrileño.