El festival catalán presentó un revolucionario concepto basado en la cultura del parkineo, una idea sorprendente que originó la posibilidad de repartir el espacio con hasta 6 stages distintos con un ambiente alegre y variado nunca antes visto
La escena hard nacional sigue demostrando una capacidad constante para reinventarse, y buena prueba de ello fue la celebración de Bass In The Parking, la evolución de un festival de tanto recorrido como Bass In The Park, que tras años consolidándose dentro de Barcelona dio un paso más allá con un concepto mucho más innovador y centrado en la cultura que rodea a este tipo de eventos.
La propuesta apostó por transformar el parkineo —esa previa espontánea e improvisada que desde hace años forma parte inseparable de este tipo de eventos— en el verdadero eje central del festival, llevando esa esencia directamente al recinto y convirtiéndola en parte activa de una experiencia inmersiva jamás vista anteriormente, resultando ser un completo acierto en muchos sentidos.
El concepto destacó especialmente por la creación de cinco escenarios liderados por distintas marcas nacionales, cada una representando una visión diferente dentro de los sonidos más contundentes de la electrónica. Allí estuvieron colectivos como Raveout 500, Masia, No Es Ruido, Reaktor, y MadHouse. Cada uno de estos espacios tenía identidad propia, tanto musical como estética, reforzando esa sensación de pequeño festival dentro del propio festival.

Sin embargo, el gran acierto estuvo en cómo se construyeron estos escenarios. Cada marca contaba con tres coches tuneados con enormes sistemas de sonido en los maleteros, colocados como núcleo central del stage y reivindicando de forma directa la cultura del parkineo. Los DJs actuaban justo delante de ellos, utilizando los propios vehículos como fondo visual mientras una pequeña estructura de luces y sonido completaba la puesta en escena.
El resultado era una experiencia mucho más cercana y caótica, donde el protagonismo recaía sobre el público y la energía colectiva más que sobre una gran producción convencional. Una visión libre y espontánea que conectó rápidamente con los asistentes y que consiguió diferenciar claramente esta edición respecto a cualquier otro formato habitual.
Un parkineo de marcas nacionales para todos los gustos
El debut de Bass In The Parking en Montmeló conectó el pasado, el presente y el futuro del panorama más hard. El viaje sonoro comenzó bajo el amparo de la nostalgia vanguardista de Raveout 500, una marca que demostró por qué es el fenómeno de moda entre la generación Z gracias a su cóctel de estilos centrados en el hard trance y los ritmos neo-rave.
En el coche de los madrileños se arrancó a todo volumen con un warm up especial de GNS, pasando por las actuaciones tempraneras de artistas locales como Cronekia o Inextable. Tuvimos también tiempo de presenciar uniones de la marca con el talento catalán como el de Nita Key con Narcx o Nahum Korm con Close To Me, pasando por los divertidos sets de Arcex con Relajadita y el toque más bouncy y alegre del día o con la contundencia de Brenda Serna o Carnada. Un desenfrenado ritmo que culminó con dos de las caras más visibles de la promotora, H1pnos1s y Quince, que brillaron tras la puesta de sol con dos sets a ritmo de mákina, cantaditas, pocky y ese toque más bakala que enloquece a cualquiera.
La aportación de Masia fue un emotivo y enérgico viaje al corazón de la cultura del parkineo nacional. La marca castellonense desplegó su característico sonido acelerado desde el primer minuto con el temprano B2B entre Soriano y Petete. A medida que avanzaban las horas y el público llenaba la pista, figuras icónicas de su roster como Willystyle y Papero insuflaron esa atmósfera eufórica tan propia de la costa de Castellón. El tramo nocturno fue un absoluto escándalo gracias a la veteranía de Dr. Evil y la contundencia de Wakan, quienes demostraron que el sonido Masiillero no solo sigue vivo tras más de tres décadas, sino que es capaz de conectar cada vez más con el público más joven.

Fiel a su reputación como el gran templo del sonido centroeuropeo en la península, el escenario de Madhouse planteó una progresión milimétrica de puro bombardeo sonoro. Tras calentar motores en las primeras horas con artistas como Hysteria o Cuttie, el ecuador de la jornada presenció la electrizante actuación de Destruxion & Koniec. Sin embargo, el verdadero clímax llegó al caer la noche: la contundencia de Lady Dammage reactivó las pulsaciones de la pista a base de bombos secos e implacables, sirviendo en bandeja de plata el tramo final a Ivo Madkiller. El artista holandés hizo honor a su nombre con un set devastador que, seguido por el cierre de Guizcore, consolidó a Madhouse como el rincón favorito del público más exigente del festival.
Para los amantes de las texturas crudas y los bombos cíclicos, el búnker de Reaktor fue una parada obligatoria. El escenario apostó por una atmósfera densa e industrial desde las primeras horas con las sesiones de Xuanlee y Darkbeca. El punto de inflexión de la tarde llegó con el esperadísimo formato en vivo de Ferbok, una exhibición de hardware y crudeza analógica que dejó el ambiente perfecto para el Puro Vicio Showcase, uno de los momentos más vanguardistas y aplaudidos del escenario. Siguieron la contundencia de Skandal y el live de Faracid, martilleando las cabezas de los asistentes con ritmos metálicos y subgraves asfixiantes. El broche final corrió a cargo del mítico Mat Weasel, quien revolucionó la última hora de la zona de parkineo para despedir el coche de Reaktor por todo lo alto.
Como la gran plataforma y comunidad de difusión del hard en España, No es Ruido demostró en Montmeló su brutal poder de convocatoria con un escaparate repleto de sinergias y variedad musical. Tras calentar la pista con las sesiones de DJ More, GEA o ALTRAX, el escenario se desbordó por completo con la llegada de The Whistlers, quienes abarrotaron el stage de fieles en uno de los momentos más multitudinarios de la tarde. Tras el aclamado set de Kitus & Frosty VS Fløres, la locura colectiva estalló con el set de Xavistyle, quien sorprendió a todos con la inesperada presencia de DJ Sisu al atardecer; un B2B improvisado de pura makina y cantaditas que hizo enloquecer a una masa de público entregada antes de dejar el cierre en manos de Toni Massama y, finalmente, de DKR en B2B con Marti.
Y un main stage de grandes actuaciones hasta el final de la noche
Aun así, el festival también reservó espacio para un escenario principal de gran formato. El main stage, activo desde las 16:00 hasta las 5:00 de la madrugada, apostó por una estética industrial con contenedores, estructuras metálicas y una enorme pantalla central, recordando a producciones recientes vistas en eventos como DURO Festival o Tramunfest. Un espacio mucho más orientado al show visual y donde desfilaron algunos de los nombres más destacados de toda la jornada.
DURO Festival se consolida al cerrar con éxito su edición más ambiciosa hasta la fecha
La programación del escenario principal destacó por su enorme variedad dentro del espectro hard. Desde actuaciones tempranas como el B2B entre Amygdala y Buenri, que conectó generaciones a través del sonido de ambos, hasta sets cargados de contundencia como los de Carnada, el duo Zapravka o el energético B2B entre Gea y Santa Salut en el que combinaron sus voces con ritmos feroces. Ya entrada la noche, artistas como Korsakoff o la segunda parte del B2B entre DJ Sisu y Xavistyle elevaron todavía más la intensidad, antes de un tramo final completamente entregado al desenfreno con nombres como Pinotello o el cierre conjunto de Art of Fighters y Revenja.

Eso sí, si hubo una objeción repetida durante buena parte del día fue el intenso calor. Las altas temperaturas acompañaron prácticamente toda la jornada y, pese a la amplitud del recinto, se echaron en falta más zonas de sombra y descanso para sobrellevar mejor las horas centrales de la tarde. Más allá de ese detalle, el festival consiguió mantener una gran energía colectiva durante más de quince horas de música ininterrumpida, algo que no es nada sencillo de cerrar con una producción y organización tan profesionales.
Con esta nueva propuesta, Bass In The Parking no solo logró diferenciarse de su predecesor, sino también construir un concepto con personalidad propia. Una idea fresca y arriesgada que pone el foco en una parte de la cultura rave pocas veces representada dentro de los festivales y que, viendo la respuesta del público, parece tener mucho recorrido por delante.
De la larga lista de festivales que opera el grupo Midnight, este verano en Cataluña aún tenemos por delante el próximo 3 y 4 de julio un Tramunfest que puede ser histórico y un Mediterranea Festival el 1 de agosto que promete ser una de esas bombas del verano en la zona norte de la región.






