Ya recuperados de la 9ª edición de Días de Campo, podemos afirmar que Montanejos acoge uno de los festivales más especiales del país. Llegamos el jueves y abandonamos Montanejos el domingo, y hemos sabido que este año ha sido el año que más abonos de 4 días se han vendido. Vamos con nuestra experiencia.
Clica aquí si quieres ver el perfil de Instagram de Días de Campo
Empezamos por su ubicación la cual es simplemente idílica: no solo por el entorno natural que lo rodea, sino por el propio pueblo, que durante esos días se transforma y adquiere una atmósfera única. Decidimos alojarnos en el camping La Granja, donde se generó un ambiente muy bonito y que además ofrece unas vistas espectaculares, aunque la subida después de horas bailando se hacía algo cuesta arriba, nunca mejor dicho. Recomendamos quedarse por el ambiente que se genera, aunque si buscáis comodidad os recomendamos quedaros en el centro del pueblo, por cercanía a los escenarios.

Uno de los grandes aciertos del festival son sus escenarios. El Tipi fue, sin duda, el espacio donde sentimos una mayor conexión colectiva y energía en pista. El Jameson también destacó por su entorno natural y unas visuales muy cuidadas, mientras que el mainstage nos dejó más fríos debido a su distribución y a una iluminación excesiva que rompía parte de la atmósfera. Los tres escenarios gratuitos también capturan perfectamente la esencia del festival: La Plaza aportó el encanto del centro del pueblo pese a la masificación, OCB brilló por su amplitud y ubicación junto al río, y Las Termas ofrecieron el refugio perfecto para sonidos más calmados entre downtempo y trip hop.

Después de muchos festivales vividos en España, podemos decir que Días de Campo sobresale especialmente por su sonido: nítido, limpio, potente y sin frecuencias molestas. También se percibe claramente el enorme trabajo de curatoría de la organización, capaz de reunir géneros como house, trance, minimal, techno, new beat, electroclash, italo, EBM, synth pop o electro sin perder coherencia musical.

Musicalmente, el festival dejó momentos memorables desde el primer día. Arrancamos con la selección enfocada al house de Discovery Vinyl, el proyecto de Elojet, seguida por los sets de Alex Pott & Ion Pananides, Rakim Under y Sally C, construyendo una noche muy rica en matices entre soulful house, breakbeat, acid, hip hop y dub. El viernes destacó especialmente Aline Umber en La Plaza con un live de escándalo, super divertido y perfecto para acompañar al día, y en OCB con I.D Music y Nurias antes de un Umberto imperial, firmando uno de los mejores sets del festival con un italodisco impecable. La noche dejó contrastes entre algunas actuaciones menos inspiradas y el directo demoledor de Paranoid London, antes de terminar refugiándonos en Jameson junto a Franco Cinelli tras la masificación de última hora.

El sábado transitó entre el downtempo y trip hop de Alice, Chae y Apua Goalmaker hasta el deep house melódico de E.lina, preparando el terreno para la energía y el sonido tan especial y característico de Avo y Jorge Escribano en El Tipi. The Ghost y Ladrillovitz aportaron groove y actitud en una de las jornadas más equilibradas del festival. El escenario Jameson acogió el directo de A.M.N.Q., un live excelente que se convirtió, sin duda, en la propuesta más genuina y diferenciada del festival. Destacó por su singularidad y contundencia dentro de un cartel del que se distanciaba notablemente. Sin embargo, una franja horaria distinta o una transición previa más afín a los sonidos del new beat, post-punk y electro habría favorecido la respuesta de la pista. La noche culminó por todo lo alto con Omar. Su set de cierre ofreció un techno contundente y pistero que se afinó en tiempo real con la energía de la pista, demostrando una lectura impecable del público.

El domingo mantuvo el nivel desde el arranque gracias al solvente electro de Abscal, Charles y Candel, al que siguió el minimal techno house de Daniel Casarano, quien sustituyó con solvencia a ZIP. La jornada continuó en el Jameson con Hicham, el que probablemente fue el set más memorable del festival, moviéndose entre el italo, synth-pop, electro, new beat y house con una narrativa impecable. Jane Fitz prolongó esa magia con una sesión hipnótica potenciada por grandes visuales. Posteriormente, manteniendo una línea musical impecable y una potencia constante, Gabbs consiguió conservar la pista en su punto álgido durante todo su set. El broche de oro lo puso el épico cierre de Stefano Andriezzi, que firmó uno de los momentos más memorables del festival con el clásico “Lobo-Hombre en París” de La Unión, entre muchos otros.

Pudo ser un 10, pero en ciertos momentos la excesiva masificación limitó la experiencia. Para que un festival conserve su verdadera esencia, es vital cuidar los límites de aforo. Una pista que respira es lo que transforma un buen evento en una experiencia verdaderamente superior.
Aunque el público demostró un respeto absoluto, por momentos se echó en falta esa intensidad colectiva y esa sensación de «tribu» tan característica. Asimismo, de cara a futuras ediciones, la organización debería resolver la escasez de zonas de descanso, cuya ausencia total se hace notar debido a las largas jornadas de baile y a la considerable distancia con las instalaciones del camping. El agua se cortó al segundo día, lo cual nos generó mucha incertidumbre y rechazo, luego supimos que era para evitar inundaciones debido a las lluvias. Por eso tampoco apoyamos que el agua estuviera a 4€ por botella, creemos que la organización tuvo que dar algunas gratuitas por lo ocurrido. Las barras funcionaron algo lentas.
Con todo, el balance sigue siendo muy positivo: la experiencia fue increíble y Días de Campo continúa consolidándose como una de las propuestas más estimulantes y cuidadas del panorama nacional. ¡Nos vemos el año que viene!

