Jueves, 1 de Enero de 2015. Ciudad del Rock, Arganda (Madrid).
Al fin llegaba la fecha que miles y miles de personas estaban esperando, llegaba el día en que Madrid Winter Festival 2015 se hacía realidad, tras meses y meses de duro trabajo para traer de vuelta a Madrid su merecida fiesta de Año Nuevo.
Después de vivir durante muchos años los Space, Day 1 y compañía, parecía que nadie apostaba por este día mítico en la ciudad de Madrid, que la escena de año nuevo parecía completamente olvidada. Todos sabemos que nadie ayuda a los pequeños empresarios que intentan montar algo en la capital tras lo ocurrido en el Madrid Arena, y si se termina consiguiendo, es tras muchos meses de trabajo en la sombra y adversidades, algo en lo que nadie se para a pensar.
Fue un pequeño equipo el que se preguntó el por qué no traer de vuelta esto, y así fue como nació Madrid Winter Festival, en 2013, que surgiendo desde abajo consiguió hacerse hueco en el año nuevo de 2014 en la cubierta de Moralzarzal. A esto hay que sumar el reciente logro cosechado por estas personas con la organización del prestigioso Armin Only: Intense en Valencia, el cual fue un rotundo éxito con la asistencia de cerca de 10.000 personas y su impacto en RRSS con trending topics mundiales.
Tan buen resultado dieron y tantas ganas puso este equipo, que desde el día 2 de enero de 2014 se empezó a formar lo que sería la fiesta de este año, en el que nos fueron sorprendiendo con confirmaciones de altísimo nivel. Y es que meter en el mismo cartel a Richie Hawtin, Marco Carola, Joris Voorn, Adam Beyer, Tale Of Us, Paco Osuna, Oscar Mulero… no lo hace cualquiera, pero gracias a ellos lo hemos podido vivir hace unos días.
Con una carpa climatizada instalada en el recinto de la Ciudad del Rock que podía albergar hasta un aforo máximo de 18.000 personas, sorprendieron a la mayoría que se preguntaba por el frío que podrímos pasar, y los posibles imprevistos climatológicos.
Serían las 18:00 de la tarde cuando cogimos el coche y pusimos rumbo a Arganda del Rey (un poco tarde si, pero las obligaciones familiares son ineludibles…), y aún estando relativamente lejos (bastante más que Ciudad Universitaria que es donde se iba a celebrar en un principio), llegamos enseguida, y ya desde la A-3 pudimos vislumbrar la gran carpa que se erigía sobre la Ciudad del Rock.
Conseguimos aparcar bien cerca de la entrada y, tras tomar una copilla de rigor, nos dirigimos al puesto de prensa a recoger las acreditaciones de prensa, donde dos jóvenes muchachas nos las dieron en un momento. Fue entonces cuando pasamos por la seguridad de la entrada y accedimos al recinto.
Cabe decir que cuando vimos la seguridad nos quedamos un poco perplejos, ya que había gente de seguridad propia del evento, policía local y hasta guardia civil con perros haciendo controles antidrogas, un despliegue que no habíamos visto antes y que se agradece. No faltó tampoco el hospital de campaña y una ambulancia, así como personal sanitario.
Una vez dentro del recinto nos dirigimos directamente a la famosa carpa, la cual parecía nunca acabar con las miles de personas que había en el interior. Sonaba el capo de Drumcode, el señor Adam Beyer, pero no sonaba muy fuerte en esta parte de la carpa. Según nos han contado desde la organización, esto es debido a que los organismos oficiales establecen unas normas de peso en cuanto a las cargas de nieve. Esto quiere decir que la carpa tiene un límite de peso que puede soportar, para que en caso de nevada no se derrumbe, por lo tanto no se podían añadir más altavoces o delays hacia la parte de detrás, aunque desde la organización lo intentaron, pero no pasaba las normas.
Como persona precavida vale por dos, nos fuimos directamente a la zona de las taquillas, donde ya se formaba una cola importante para cambiar el dinero por los tan de moda tokens. En nuestra espera averiguamos que las máquinas para pagar con tarjeta se quedaron sin conexión, y esto, unido a la inexperiencia de los asistentes con este novedoso sistema (el de los tokens en los festivales), parece que fueron las principales causas de las inmensas colas que se formaron durante todo el festival, con hasta cerca de una hora de espera en los momentos fuertes de la noche. Cabe destacar que dos zonas de taquillas para 15.000 personas se quedaron bastante cortas. Tampoco podemos pasar por alto los excesivos precios dentro del festival.
Adam estaba dando los últimos coletazos a su set (al cual no pudimos prestar mucha atención debido a lo anteriormente mencionado) y nosotros poníamos rumbo a la parte delantera de la carpa abriéndonos paso entre la inmensidad de los asistentes.
Justo empezaba Oscar Mulero su set cuando pasamos al lado de la barra central y decidimos parar para tomar algo antes de coger un buen sitio para quedarnos. Fue entonces cuando se empezó a escuchar en la carpa de Madrid Winter Festival el techno más contundente, quizá uno de los más fuertes de toda la noche. Y es que el madrileño supo dar su toque personal a esta gran fiesta que, acompañado de una iluminación y unas visuales espectaculares hicieron que el público enloqueciera con nuestro representante español.
Llegó el turno de una de las actuaciones más esperadas, la del Live set de Gaiser, y nosotros ya nos habíamos hecho hueco por las primeras filas para disfrutar como enanos de todo lo que nos quedaba por delante. Me parece que nunca habíamos escuchado a este gran DJ de la familia de Minus, pero lo que vivimos nos encantó. Creo que coincidimos en que fue la mejor actuación de largo de la noche. Un artista que supo conectar con el público desde el principio y cuyo set tuvo una progresión y una armonía perfectas, que hizo que no parásemos de movernos.
Tras el americano la carpa ya se notaba bastante llena, y se veía cómo iban entrando oleadas de personas para ver al principal cabeza de cartel. Tenemos que reconocer que el canadiense no es santo de nuestra devoción, pero entre el gran ambiente que se vivía y las tremendas ganas de escuchar un gran set suyo, estábamos casi en la primera fila. En este momento empezamos a quedar pasmados con la iluminación y efectos visuales, que junto con el gran sonido que nos llegaba en estas primeras posiciones, nos dejaron literalmente “flipando”.
Lástima que no acompañara del todo el set de Richie, puede que entre Mulero y Gaiser tuviéramos el listón tan alto que aún siendo buena la sesión del dueño de Minus, pareciera menos. Así que casi al final de la sesión decidimos ir a por algo de beber y a la zona de restauración a reponer energías, que todavía quedaba lo gordo de la noche. Fue aquí cuando nos dijeron que se había agotado el agua, algo que no nos creímos en un principio, pero que fue cierto. Algo completamente inadmisible. Y es que para la completa seguridad de todos los integrantes en la fiesta, el agua es algo básico. Cualquier mareo o desmayo puede ocurrir, y siempre es beneficioso poder ofrecer algo con lo que refrescarse.
Por suerte, cuando salimos de la carpa vimos que había una fuente de agua cerca de la zona de restauración, y pudimos saciarnos, encima gratis. En la zona de restauración no tuvimos casi que esperar cola y pudimos descansar un rato las piernas tirándonos al suelo, ya que no había asientos por ningún lado, otra de las grandes ausencias en la fiesta. Y es que, qué mínimo que un pequeño área de descanso donde poder sentarse y descansar, ya que 15 horas seguidas bailando y de pie es imposible, por lo que muchos optaron por salir a los coches un rato y descansar (pagando los correspondientes 4,5€ o token y medio), y otros no tuvimos más remedio que tirarnos en el suelo de la carpa de restauración.
Una vez recuperados, volvimos con ganas de escuchar al dúo italiano Tale Of Us, que nos deleitó con una mezcla de deep y tech de buena calidad con la que no pudimos dejar de bailar. Para nosotros fue la segunda mejor sesión de la noche, o una con las que más nos divertimos sin duda.
Seguidamente llegó Seth Troxler para seguir haciendo vibrar a las masas, y es que a estas horas, la carpa estaba ya casi hasta arriba, lo que conlleva colas en barras, tokens y ropero. Y aquí tuvimos la anécdota de que al pedir una copa, en la que no comprendimos muy bien el por qué del Ron Ritual, al pedir que nos echara lo que quedaba de Red Bull, nos lo pusieron en otro vaso a parte. Solo se lo tuvimos que pedir y no nos pusieron pegas, por lo que las siguientes veces fuimos siempre a la misma camarera. No tuvieron la misma suerte otras muchas personas que se tuvieron que conformar con lo que les echaron en la copa, u otros a los que les echaron esas sobras que iban recaudando en la barra.
Tampoco nos dejó muy contentos el hecho de que los refrescos se sirvieran en botellas de plástico en vez de una botella de 20 cl., y es que el precio de las copas y refrescos merecía eso como mínimo.
También hemos de decir en este punto algo sobre los baños, y es que eran grandes y nunca tuvimos que hacer cola; lo que si nos sorprendió fue que no nos dejaran entrar con bebidas dentro, suponemos que tendría que ser algo relacionado con la seguridad, pero no lo entendimos.
Después de todo esto y de una buena hora y cuarto de música con Seth Troxler, llegaba uno de los dúos que más ganas teníamos de ver, así que nos metimos entre la gente para darnos calor colectivamente, ya que si te quedabas por los laterales se notaba algo de frío, y allí estuvimos bailando otro de los grandes sets del festival de la mano de Pan-Pot, contundencia a ratos con ritmos bailables. Se pudo notar entre los que estábamos allí que ya había ganas de caña.
A mitad de sesión, un iluminado se hizo el gracioso y tiró una bote de gas pimienta, con lo que la confusión y los empujones crearon un momento de pánico entre los que se encontraban cerca en ese momento. Y es que la que pudo haber armado ese personaje pudo haber sido muy gorda, ya que cuando hay más de 10.000 personas en un recinto cerrado cualquier momento de pánico puede provocar avalanchas y graves daños. Por suerte el personal médico y de seguridad actuaron de forma rápida, y se pudo desalojar a los afectados por las grandes y numerosas salidas de emergencia y tratarles en el hospital de campaña. Quizá la apertura de las mismas y los 5 grados bajo cero que caían sobre la Ciudad del Rock provocaron que la temperatura de la carpa descendiera unos grados.
Sin embargo, también advertimos de vez en cuando unas grandes gotas cayendo sobre nosotros. Tras comprobar que la carpa estaba techada y que fuera no llovía nos quedamos un poco sorprendidos por el suceso, y quizá por la euforia del festival, por el alcohol, por el cansancio, o vete tu a saber por qué, no nos paramos a pensar que estábamos 15.000 personas en un recinto cerrado, y que las leyes de la física deben hacer su efecto, por lo que lo que sucedía era fruto de la condensación (igual que cuando estás metido en un coche en plena noche invernal y se empañan los cristales, para que nos entendamos). De todas formas es algo con lo que quizá deberían haber contado desde la organización.
Volviendo al tema del gas pimienta nos paramos a recapacitar sobre qué lleva a una persona a realizar este acto. Y es que muchos pedirán explicaciones a la seguridad por dejar entrar con estas cosas, pero siendo realistas, ¿cómo se puede prevenir esto? ¿Controles de seguridad más exhaustivos obligando a enseñar lo que llevas hasta dentro de tus calzoncillos? Imposible. A parte que las colas que se montarían ya si que serían impensables. Por lo que, como somos personas con sentido común, abogamos a la buena fe de la gente, es lo que nos queda.
Y ahora volviendo a la fiesta en sí, que es de lo que hemos venido a hablar, tras disfrutar del set de Pan Pot, muchos nos quedamos con ganas de que siguieran otra hora más como mínimo, pero lo que se venía a continuación era otro de los grandes cabezas de cartel. El napolitano Marco Carola con hora y media de MusicOn. Rememoramos los viernes en Amnesia Ibiza del verano pasado y lo pasamos en grande. Y otro de los nacionales y favoritos, Paco Osuna, a continuación, le siguió el ritmo y dejó bastante contentos a los allí presentes.
Y, por fin, el reloj marcaba las 06:30 y la gente allí presente (apenas se habían ido 1000 o 2000 personas) solo esperaba una cosa, mejor dicho una persona, Joris Voorn. El deseo se formalizó cuando el holandés hizo acto de presencia en el escenario, con la ovación correspondiente, y se puso manos a la obra, bueno, siendo más concretos, a los platos. Lo que ocurrió durante la siguiente hora y media no dejó indiferente a nadie. A unos porque no les gustó (leyendo críticas vemos que mucha gente opina que le faltaron fuerza y ganas), a otros porque les cautivó, y a otros… bueno a otros simplemente les dio igual porque no se enterarían mucho de la música. Nosotros, pese al cansancio acumulado, disfrutamos bastante el set del artista de moda, aún más cuando sonaban los acordes de temas como ‘Ringo’, que sin duda nos dieron las fuerzas que necesitábamos.
Dieron las 8 de la mañana y el cuerpo dijo basta. Tras las más de 12 horas que llevábamos allí dentro decidimos regresar a nuestros coches y poner rumbo a la tan ansiada cama. Mientras tanto, aún más de 10.000 personas quedaron bailando al ritmo del techno más oscuro de Blawan, que puso el broche final a esta segunda edición de Madrid Winter Festival.
Una segunda edición algo polémica en la que hubo varias cancelaciones (una de ellas de última hora por la pérdida del vuelo por parte de Ben Klock), unos horarios bastante desafortunados, un cambio de recinto y algunas cosas más que seguramente no nos tocaron vivir, pero que sin duda contó con el mejor cartel en este inicio de año. Muy buena música por parte de todos los integrantes del mismo.
Sin más, esperamos que la organización escuche todas las quejas de los asistentes y se ponga las pilas para ofrecernos una tercera edición mucho mejor que las dos anteriores. Cabe destacar que el señor Community Manager ha hecho su trabajo con creces contestando todos y cada uno de los mensajes recibidos en RRSS, tanto positivos como negativos, y esto es algo de lo que no pueden presumir todos los festivales.

Podéis ver nuestro álbum de fotos de la fiesta aquí.