Con el techno ganando mucho respeto dentro de la industria de la música, ciertamente se ha posicionado como uno de los géneros con mayor salud dentro de la escena electrónica. En gran parte se debe por la democratización de la producción gracias a los programas DAW como Ableton o el FL Studio, que ahora permiten que todo el mundo desde la habitación de su casa pueda producir grandes canciones. Además, los múltiples subgéneros que abarcan este estilo musical, como el minimal techno, melodic techno, acid techno o hard techno, está llegando a un público mucho más amplio. Pero, ¿sabíais que la música techno tal y como la conocemos hoy no existiría sin la caída del Muro de Berlín y la República Democrática Alemana

Con mucho pesar de que Detroit fue la ciudad donde nació este estilo, Berlín es ahora conocido como la capital mundial del techno, ya que tomó este estilo musical y lo incorporó a su cultura emergente en los años 90. La música puede cambiar situaciones políticas y sociales, Berlín no es ni será el primero ni último caso en el que la música empodera a toda una comunidad para lograr un fin social. 

A principios de los 90 en Reino Unido con el Second Summer of Love ya pudimos ver un caso similar. Un ejemplo más actual es el movimiento que ha estado tomando lugar estos últimos años en Tbilisi, donde las raves tienen un elemento social y político que las convierte en algo más que una forma de divertirse. Estas raves existen como prueba de una nueva era que está apareciendo en Georgia y que representan los valores occidentales liberales filtrados en su tejido cultural y musical. De esta manera, los clubes de techno se han convertido en símbolos de progresividad, tolerancia y rechazo a la intransigencia de su país. Así pues, la música además de ser un entretenimiento puede ser una herramienta de cambio y evolución. Y el caso más impactante de ciudades que cambiaron totalmente gracias a la música es Berlín y el techno. 

Bassiani (Georgia), una de las mecas del techno donde se promueve el movimiento contra la represión postsoviética

Nos remontamos a los años 80 cuando se creía que Berlín no tenía futuro, donde la escena musical era radical y muchos artistas sentían que no encajaban en la sociedad. Durante años, los grandes edificios abandonados que fueron destruidos en la guerra permanecieron vacíos, fue allí cuando los jóvenes seguidores de la música tuvieron una oportunidad de prosperidad. En estos edificios desalmados fue donde empezaron a organizar fiestas ilegales que hicieron surgir un movimiento clandestino donde los lugares se iban difundiendo con el boca boca. 

En ese momento el ‘raving’ era ilegal. Nadie tenia derecho a reunirse para bailar y escuchar música. Parece una pesadilla, ¿verdad? Pero es lo que esa generación vivió. La música techno se consideraba política y que iba en contra del sistema, por eso la mayoría de clubes no tenían licencia ni contratos. Aun así, la gente se reunía y montaban fiestas de varios días en entornos industriales donde básicamente no había reglas: sexo, drogas y baile eran los pilares de esas fiestas. 

Los años anteriores a la caída del muro, la radio de la Alemania Oriental se censuró, obligando a los jóvenes a acercarse al muro donde allí podían -si tenían suerte-, captar señales de radio de las ondas de la Alemania Occidental. Eso había creado una división durante años que no solo era física, sino también cultural. Con la caída del muro, los años de represión soviética dejaron una sociedad con ganas de libertad y diversión, y muchos edificios administrativos vacíos, en los que la música techno jugó un papel fundamental en la unión de las dos Alemanias (y con movimientos como la legendaria Love Parade). 

Al derrumbarse el muro, los alemanes orientales ya eran libres de asistir a las fiestas de techno, así que empezaron a transformar los edificios industriales en verdaderos clubes de baile (muchos hoy en día considerados mecas del techno). Con el tiempo la escena clubber en Alemania empezó a regularse, dado que el Gobierno vio el potencial turístico y de ingresos para la ciudad, con lo que brindó apoyo, permitiendo que el negocio tecnológico de la ciudad creciera más rápido que en otros países. Para potenciar todavía más la escena nocturna berlinesa, el gobierno alemán eliminó los horarios de cierre (las fiestas duraban días y días) o los dresscodes (es por eso que hay todavía existen clubes con este concepto, como por ejemplo el legendario club KitKat). 

A finales de la década se celebró en la capital alemana la primera Love Parade. Nació como una especie de movimiento político en el verano del 89, organizado por Matthias Roeingh, también conocido como Dr. Motte -DJ de la escena underground berlinesa que quería utilizar el lenguaje internacional de la música como un medio para difundir la paz y el amor-. Este evento hizo que, a través de la música techno, se unieran Oriente y Occidente y se sintieran conectados otra vez. 

Love Parade en Berlín (1989)

No solo jugó este papel de reunificación el Love Parade, también hay una serie de clubes que fueron muy importantes en ese momento crucial. Uno de ellos es el Tresor, que acogía a jóvenes de la Alemania Oriental y Occidental y allí tenían su espacio de reunión para bailar y disfrutar. Allí fue donde se demostró que en las pistas de baile es cuando se conectaba más la gente cuando la política no podía. De esta manera, el impacto del techno así como la caída del muro de Berlín fue enorme. De hecho, el techno no gozaría de esta popularidad hoy en día sin la caída del Muro. La imagen propia entre alemanes había cambiado de forma drástica, así como la percepción a ojos del mundo del país. Dejó de relacionarse Alemania con la Segunda Guerra Mundial y paso a relacionarse con la Love Parade. 

Si queréis indagar más en el tema, los periodistas alemanes Sven von Thülen y Felix Denk escribieron ‘Der Klang Der Familie’ en la que relatan este capítulo trascendente en la historia del techno. Un libro basado en investigación y horas de conversación con los protagonistas del auge del techno berlinés como Derrick May, Alec Empire, Jeff Mills y Marusha, entre otros. Así que ya sabéis, si os ha interesado el tema, tenéis disponible este libro, considerado ‘la sagrada escritura del techno berlinés’, según Vice. 

Si me buscas seguramente me encuentres en el bombo derecho de algún club o delante del ordenador descubriendo newcomers en SoundCloud.